Ignacio de la Calzada, abogado laboralista, habla del truco legal para frenar a un trabajador que te "empieza a putear" para ser despedido: "A ver quien aguante más"
La relación entre empresario y trabajador alcanza a veces un punto de tensión en el que la ley se convierte en un campo de batalla. Ignacio de la Calzada, abogado especializado en derecho laboral, ha explicado en el pódcast Búscate la vida cómo se podrían gestionar los casos en los que un empleado adopta una conducta deliberadamente provocadora para conseguir que lo echen.
Su planteamiento no es el que muchos esperarían. "Yo no te quiero echar", afirma de entrada, dejando claro que el objetivo no es regalarle al trabajador la salida que persigue.
El escenario que dibuja el letrado es reconocible: un empleado empieza a cometer faltas, a hacer las cosas mal adrede o a crear conflictos. La tentación inmediata del empresario suele ser poner fin al contrato, pero De la Calzada ofrece una alternativa.
"Llegamos a un acuerdo económico y te vas", plantea como primera opción, aunque admite que pagar provoca un comprensible malestar en quien se siente víctima de una trampa. Sin embargo, la auténtica apuesta del abogado se activa cuando el trabajador rechaza el pacto o persiste en su actitud.
Suspensiones de empleo y sueldo: la herramienta que invierte la presión
Frente al que "empieza a putear", la respuesta del letrado es quirúrgica: "Te vas a casa un mes de suspensión de empleo y sueldo, sin cobrar y sin paro". Esta medida, perfectamente legal, supone un duro correctivo económico inmediato para el empleado, que no solo deja de percibir su salario durante ese periodo, sino que tampoco puede acceder a la prestación por desempleo.
De la Calzada subraya que esta sanción cuesta mucho menos al empresario que afrontar un despido improcedente. El trabajador puede recurrirla ante un juez, pero el abogado recuerda que el juicio puede demorarse hasta un año y, en el peor de los escenarios, la condena se limitaría a reducir los días de suspensión o a abonar los salarios retenidos.
El verdadero desgaste llega con la reincidencia. "Vuelves y me la vuelves a liar: otro mesecito de suspensión de empleo y sueldo", describe el abogado, dibujando un pulso en el que el tiempo y la resistencia económica juegan del lado de quien aplica la norma con paciencia. La contienda se transforma así en una partida de aguante cuyo desenlace sentencia De la Calzada con una frase que retrata la crudeza de esta táctica: "Aquí el que más aguante. A ver quién tiene los huevos más grandes".
Una guerra de desgaste con las cartas legales sobre la mesa
La estrategia que detalla el abogado no requiere subterfugios ni prácticas cuestionables. Se apoya exclusivamente en el régimen disciplinario que contempla el Estatuto de los Trabajadores y en la capacidad del empresario para sancionar los incumplimientos contractuales graves.
El empleado que busca forzar su despido se topa con un muro repetido de suspensiones que agotan sus recursos mientras el vínculo laboral se mantiene formalmente activo. "Lo tengo fuera y ya se cansará porque te va a costar mucho menos que despedirle", resume el letrado, que confía en que la falta de ingresos acabe doblando la voluntad del trabajador conflictivo.