Jaimito, Mortadelo o el Capitán Trueno: el siglo en el que España se leía en viñetas
Nombres como Jaimito, Mortadelo y Filemón o el Capitán Trueno poblaron la infancia de una gran parte de España que semanalmente frecuentaba los quioscos para encontrar sus viñetas favoritas. Los tebeos, que llevaron a la Real Academia a acuñar una palabra a la altura, se exponen en una muestra a los pies del Monasterio de El Escorial.
Durante gran parte del siglo XX, los domingos estaban marcados por la obligada excursión al quiosco de la esquina para comprar por una módica suma un ejemplar entre la amplia gama de historietas ofertadas. Esta tradición nació de la mano de la revista "TBO" en 1917 y su popularidad llevó a la Real Academia de la Lengua a decantarse por el epónimo "tebeo" sobre el anglicismo "cómic" para nombrar esas revistillas que albergaban la ilusión de tantos niños y adolescentes.
Antes del acceso generalizado a la televisión o de la invención de internet, los tebeos representaron durante cerca de 60 años una de las formas de entretenimiento preferidas por los españoles. Ahora, hasta el 24 de julio, la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial despliega una muestra llamada "TBO. La España que se leyó en viñetas", que recorre su historia bajo el comisariado de Luis Antonio Heras Quirós y Carlos C. Álvarez Nebreda.
Los organizadores prometen a quien la visite un viaje "emocional y cronológico por el corazón de la cultura popular del siglo XX", un recorrido que aborda lo mejor de Jaimito y las ocurrencias más disparatadas de Mortadelo y Filemón, pasando por las páginas de "Fantasmadas" y "Yumbo", "Topo Gigio" o "El Capitán Trueno".
Hace más de cien años de la aparición de "Monos" en Madrid y "En Patufet" en Barcelona en 1904, que fueron pioneras del humor gráfico infantil, pero todavía no incluían globos de diálogo, esos famosos bocadillos, que el historiador Antonio Martín localiza en 1910 con la publicación de "El suero maravilloso", del dibujante madrileño José Robledano.
El mayor hito de esta historia fue, en 1917, la revista "TBO" que publicó sus viñetas hasta el año 1998 y dio nombre a todo el género. A esta le seguirían publicaciones como "Pulgarcito", "Chiquilín", "Yumbo" o "Pocholo" con tiradas de unos 125.000 ejemplares y que "TBO" encabezó en 1935 al llegar los 220.000 semanales.
Paradójicamente, mientras más apretaba la censura de la dictadura durante la posguerra, más se consolidaba el tebeo como la lectura más barata y popular del país, con tres exponentes fundamentales: "TBO", "Jaimito" y "Pulgarcito", cada una con estilo y público propios.
Una generación aprendió a leer con los tebeos
Según explican los organizadores de esta muestra, para muchos niños y niñas el tebeo semanal -comprado, alquilado o intercambiado en el quiosco- fue la primera lectura habitual y "toda una generación aprendió a leer con estas páginas de humor y aventuras". La edad de oro llegó con los años 50, cuando un buen puñado de talentosos dibujantes como Luis Bermejo, Red Dixon, Víctor Mora con su "El Capitán Trueno", que vendió 350.000 ejemplares, o el inolvidable Francisco Ibáñez con las primeras entregas de "Mortadelo y Filemón" hicieron a los niños agolparse en los quioscos a razón de un duro -cinco pesetas- cada vez.
Pese a la crisis del petróleo de 1973, en la década de los 70 la industria del tebeo ofreció su última gran expansión de masas con más de 7 millones de ejemplares mensuales y un enfoque cada vez más adulto con la aparición de revistas como "El Jueves" o "Totem", así como la adaptación cinematográfica de las mejores historietas de Ibáñez.
Los últimos coletazos del humor infantil convivieron hacia 1985 con la época dorada del cómic adulto, en un balance paradójico para los comisarios de la exposición: "La década de mayor libertad creativa y calidad del cómic español coincide con el principio del fin del modelo de negocio que había sostenido el tebeo durante casi setenta años, el del quiosco de barrio".
Las vitrinas de esta muestra albergan a los héroes "que desafiaron la escasez de la posguerra" y los personajes humorísticos y caricaturescos que reflejaron con fidelidad nuestras vidas, y si no estas al menos las de nuestros padres o abuelos: "Pasa, mira y recuerda", recomienda esta exposición por el "patrimonio inmaterial de nuestra memoria".