‘La Señora de los Perros’ distribuía la mercancía del grupo de Pecho de Rata desde un conocido barrio de San José, donde escondía dinamita y granadas
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) identificó a una mujer de apellidos Guzmán Arce, alias “La Señora de los Perros”, como una de las principales distribuidoras de droga de la banda de Edwin López Vega, alias “Pecho de Rata”, en la Gran Área Metropolitana (GAM).
El expediente del Caso Riverside añade que otras dos mujeres, de apellidos Kelly Calero y Wray Pavón, también coordinaban vendedores, movían dinero y ocultaban droga mediante fachadas comerciales en el Caribe Sur.
Las tres mujeres son imputadas en el expediente.
En cuanto a La Señora de los Perros, quien fue detenida el 6 de enero del 2026 durante un allanamiento, el OIJ la relaciona con la comercialización mayorista de cocaína y marihuana en la GAM, con una relación directa con López Vega.
Desde una casa ubicada en el residencial El Faro en San Francisco de Dos Ríos, San José, ella era proveedora para otras organizaciones: importaba cargamentos, los almacenaba, los fraccionaba y los redistribuía a grupos de menor escala en distintos sectores del país, según el análisis de los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Eso la colocaba como un eslabón de peso en la cadena mayorista, según el análisis judicial.
Armamento en la vivienda
El expediente consigna que Guzmán Arce adquiría cargamentos suministrados por Pecho de Rata en envíos marcados con el troquel “ROLEX”, sello distintivo de la red.
El expediente también la identifica como una jerarca con alto poder. A su célula se le atribuye tener armas de fuego y explosivos a un nivel de armamento que excede el narcomenudeo en lo que se describe como una estructura lista para defender cargamentos y territorio.
En su arsenal, había 14 cartuchos de dinamita, una granada de gas, dos granadas de fragmentación calibre 40 mm y cinco cargas explosivas listas para detonar.
Bajo su mando operaba, entre otros, un hombre de apellidos Brenes Delgado, “El Gordo Diego”, pieza clave en el transporte de droga desde una casa en Residencial El Faro, en San Francisco de Dos Ríos, San José, a diferentes lugares.
La captura de Guzmán Arce, a inicios de 2026, ilustra además su nivel de integración en la investigación.
Cuando fue interceptada en Barrio Córdoba, entregó voluntariamente un teléfono modelo iPhone y un manojo de llaves con las cuales los agentes abrieron la vivienda de El Faro, donde estos documentaron el espacio que, según la investigación, se había usado para almacenar grandes volúmenes de droga.
Kelly Calero era puente financiero y logístico, según expediente
Mientras tanto, en la costa Caribe, Kelly Calero aparece en el análisis como el enlace operativo y financiero de la red de narcomenudeo en Cahuita (Limón), a la sombra —y a la vez en sustitución— del coordinador de puntos de venta, un hombre de apellidos Rodríguez Rodríguez, alias “Johnny” quien era entonces su pareja sentimental.
Mientras él cumplía prisión preventiva, ella se convirtió en su voz y manos, según el OIJ.
El expediente describe cómo Kelly Calero utilizaba sus cuentas y productos financieros para recibir dinero del negocio, administrar cobros y canalizar pagos a los vendedores.
Varios de esos vendedores, identificados con alias propios, recibían instrucciones para depositar o entregar el dinero según sus instrucciones. Para la Policía Judicial, ella era, en la práctica, la tesorera de la operación de la calle.
La documentación de intervenciones telefónicas muestra también a Kelly Calero recibiendo órdenes directas desde la cárcel: vender vehículos para generar liquidez, cobrar deudas a vendedores como “Jean Ca” y “Jomi”, avisar sobre operativos policiales y coordinar con figuras de mayor rango dentro de la red.
Su número telefónico se convirtió en una central de llamadas con instrucciones y reportes.
La logística de la droga también pasaba por sus manos. En el lenguaje cifrado del expediente, Calero hablaba de “camisas”, “repuestos” o “tornillos” para referirse a onzas de cocaína escondidas cerca de su casa, de acuerdo con los análisis del OIJ.
Ese domicilio, en Penshurt de Limón, fue señalado como punto de resguardo de dinero y sustancias ilícitas dentro de una estructura sencilla de madera y fibrolit, sin pintar, que funcionaba como una pequeña bodega de seguridad.
El expediente le atribuye, además, participación en dinámicas de introducción de droga a centros penales, reforzando su papel como puente entre el interior de la cárcel y la calle.
Wray Pavón: OIJ la señala como jefa de calle y empresaria en el Caribe Sur
En otro punto de Limón, en el Caribe Sur, otra mujer, de apellidos Wray Pavón, habría estado al mando de varios individuos con una fachada empresarial, según el expediente.
Se le presenta como coordinadora de vendedores de droga en Cahuita y Puerto Viejo; organizaba a “los chiquitos de la calle”; al tiempo que exigía resultados y corregía desviaciones.
Intervenciones telefónicas la muestran reprendiéndolos sin rodeos.
A uno de ellos, identificado como Pinnock, le recordó en una ocasión que es uno de sus “chiquitos más bravos en la calle” y le prohíbe “mendingar”, marcando una línea de disciplina y exigencia.
No solo le pedía que llegara bañado y presentable a un lugar, sino que, cuando lo considerara necesario, lo pondría a limpiar o a picar comida en sus negocios, reforzando su autoridad.
En una de las llamadas intervenidas el 30 de marzo de 2025, Wray Pavón dejó claro que era una figura con autoridad sobre hombres armados.
La conversación empezó cuando un hombre de apellidos Botti Villa la llamó y ella decidió poner el teléfono en altavoz, permitiendo que otro, de apellidos Williams Bolaños, alias “Pogba”, participara en la discusión.
Lo que siguió fue una pelea verbal cargada de reproches por dinero, “sopas” pendientes de pago y el control de “la galeta”, un escondite donde se resguardaban droga o recursos.
A medida que la discusión escalaba, Botti reclamó a “Pogba” por haber golpeado a un “chamaquillo” y le advirtió de que sus muchachos saben dónde está ese escondite, elevando la tensión durante el intercambio.
En ese punto, Wray Pavón cortó en seco y tomó el control del intercambio con una orden tajante: “Traiga la hijueputa botella y deje de hablar mierdas, a las 8:30 lo quiero aquí listo”. Ahí terminó la llamada.
Para los investigadores, ese audio es una pieza clave porque retrata a Wray Pavón como figura de mando capaz de imponer disciplina inmediata en una disputa de dinero y poder dentro de la red.
Según los agentes, esa intervención la coloca en un nivel jerárquico donde su palabra tiene más peso que las amenazas cruzadas de los otros dos.
En el expediente, Wray Pavón también figura como administradora del Hotel y Restaurante National Park y de las Cabinas Wray, localizadas en zonas de alta afluencia de visitantes en Limón.
Según el expediente, los comercios eran una fachada legítima que generaban un flujo de ingresos formales que permitía mezclar dinero del turismo con recursos provenientes de la venta de droga.
La estructura empresarial también quedó plasmada en papeles.
Wray Pavón aparece como secretaria de la sociedad “Rislava de Cahuita S.A.”, encargada de administrar al menos parte de esas instalaciones.
Los puntos de venta exhibían, además, un número de SINPE móvil a su nombre, por donde se recibían pagos tanto de clientes turísticos como de operaciones vinculadas al negocio ilícito, difuminando la frontera entre caja registradora y lavado de capitales, según el análisis del OIJ.