'Crónica de un mal español': el último Berlanga
Existe una máxima en la familia: «Un Berlanga nunca se aburre». La «fantasía» prima sobre todo lo demás. Así lo afirma Jorge García-Berlanga, nieto del responsable de «El verdugo», «Plácido», «La escopeta nacional» y tantas otras obras maestras del cine español; y el hombre que recoge ahora el legado de su abuelo en «Crónica de un mal español» para llevarlo al Teatro Español y poner de relieve la vigencia del genio, además de rendirle pleitesía.
Afirma García-Berlanga nieto –y también hijo del escritor– que no se podía imaginar en aquellas comidas de domingo, en las que se peleaba con su abuelo Luis por el último bombón de chocolate, que décadas después acabaría haciendo buena la expresión «de tal palo tal astilla». «Entonces», explica, «solo era un niño introvertido que escuchaba por debajo de la mesa sus intensas reflexiones sobre el porvenir político, mezclados con chistes escatológicos, anécdotas, o chismes de tal y cual estrella». Fue esta su introducción al mundo de esa «fantasía» a la que todo Berlanga está «condenado»: «Siempre encontraremos alguna cosa para matar el tiempo o para salir. Yo mismo, en cualquier conversación, puedo estar imaginándome una nueva historia», explica el aquí responsable de la dramaturgia, de la dirección y hasta de la interpretación del protagonista.
El montaje se introduce de esta manera en la vida y obra de Luis García Berlanga. En concreto, retrocede hasta ese 12 de junio de 1921 que le vio nacer, en Valencia. Un mes antes del desastre de Annual, «el lloro de un niño interrumpe en la tragedia con un afortunado canto de humanidad», presenta el programa de mano. Aquel chiquillo creció, y junto a él, también lo hacía una España «en pleno proceso de pubertad, de rebelión, lucha entre hermanos, de valores absolutos y "tantrums" emocionales, a los que se es difícil ajustar».
La curiosidad de un niño
Pero Berlanga permaneció, denunció y hasta se aprovechó de las circunstancias, «al final sigue siendo un niño curioso y rinde culto a la contradicción», añade su nieto Jorge, que aprovecha esta función para preguntarse cómo era ser español entonces y qué hechos moldearon el corazón de «un hombre dividido». Se sumerge así en la figura familiar y en la de un maravilloso cronista de España en un momento de la temporada teatral en el que esta «Crónica...» coincide en el Español con «La escopeta nacional», que dirigirá Juan Echanove desde el 16 de junio en el escenario principal.
Berlanga, como su «colega» Rafael Azcona, se preocupaba de escuchar a los viejos del lugar, a la calle, a toda esa gente que pasaba por los cafés. Y es en uno de ellos, en el Gijón, donde este montaje se desarrolla. Un escenario que verá desfilar a ilustres de la época; nombres que serán fundamentales para desmenuzar el mundo íntimo del «padre» de «Bienvenido, Mister Marshall», como Fernán Gómez, Conchita Montes, Mingote, Edgar Neville, Umbral, Juan Antonio Bardem... También a su esposa María Jesús y la «Musa». Decenas de personajes a cargo del elenco de la compañía Balmoral: Júlia Roch, Nacho Serrano, Natalia Vellón, Octavio Vellón, Pablo Vélez y el propio director, que se mete en la piel del protagonista de esta historia: «Hay cosas que me salen solas», asegura.
Entre poemas, notas y diarios, cada «aventura» al lado de don Luis sirvió para que el nieto fuera alimentando la bestia. Se adentraba poco a poco en un universo fascinante. «Tal vez algo de esto tuviera que ver con que yo también me acabara dedicando a la farándula, otros dicen que los artistas manamos de un deseo de expresar todo lo callado». Surgió la «necesidad de contar la historia de un hombre que iba mucho más allá del cine, y a través de la que se va moldeando una España, como él, llena de contradicciones».
En palabras de Franco, fue «peor que un comunista», simplemente, «un mal español». Pero, ¿en qué consistía ser buen español? «Definir al régimen como querían desde dentro. Retratar una España feliz, gloriosa y rica». Berlanga hizo lo contrario: «Mostró las carencias de la gente; muchas de las que hoy siguen. Pero también las virtudes», apunta un García-Berlanga que hoy rebusca entre el mito y la verdad de nuestro imaginario patriótico.
La imperdible erótica berlanguiana
Y también esta crónica ahonda en otro aspecto fundamental, para su nieto, en este gigante del cine: la erótica. Se pregunta Jorge García-Berlanga si sus padres sabrían que, «en una de las comunes incursiones en las que acompañaba a mi abuelo a su estudio después de comer, había divisado unos pechos escondidos entre sus papeles y ahora me colaba en secreto a estudiar los cientos de mujeres desnudas que guardaba su preciada colección erótica (...) Era muy elaborada. No estamos hablando de una cosa simple, sino muy literaria. Él decía que la erótica era más importante que el cine».
Donde no hay discusión es en que el arte «berlanguiano» (palabra que incluso está recogida en el Diccionario de la RAE desde 2020) hizo una radiografía del pueblo español de la que «es difícil escaparse», sostiene, en la actualidad: «En esta época en la que cada vez se camina sobre un suelo más fino, ¿podemos todavía reírnos de nuestras desgracias? ¿Podemos recordar lo que nos une?».
- Dónde: Teatro Español (Salón de los balcones), Madrid. Cuándo: hasta el 28 de junio. Cuánto: 10 euros.