Céline, las controvertidas ideas de un autor maldito a través de su propia voz
Alos dieciocho años, Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) se alistó en una unidad de caballería y fue gravemente herido en Ypres –se le otorgó una medalla militar por haberse presentado voluntario para esa misión–, lo que le llevó a padecer para siempre un brazo dañado, zumbidos en el oído y fuertes dolores de cabeza. Un héroe nacional, en principio podría pensarse dados estos antecedentes, a quien el Gobierno de Francia quiso rendir un homenaje en 2011 con motivo del 50 aniversario de su muerte y por la trascendencia de su obra. Sin embargo, el acto fue al final cancelado ante las presiones de colectivos que afirmaban que no era moral dedicar tal cosa a un autor que denigró a los judíos de forma execrable.
Fue su padre quien inculcó en el autor el antisemitismo al acusar a los judíos de todos los males
Diversas personalidades de la política y la literatura quisieron separar al Céline que simpatizó con el nazismo del autor de «Viaje al fin de la noche», la cual estuvo en la órbita del[[LINK:TAG|||tag|||63361c3a59a61a391e0a1c81||| premio Goncourt]] en 1932, aunque se lo llevaría un autor hoy completamente olvidado. Por otra parte, en 2018 surgió la noticia de que se suspendía el lanzamiento de la reedición de tres de sus panfletos antisemitas, que habían sido un gran éxito de ventas durante la Ocupación alemana. El proyecto tenía el visto bueno de la viuda del autor, Lucette Destouches, pero levantó tantas ampollas que la controversia se coló entre los asuntos de Estado: [[LINK:TAG|||tag|||633611f75c059a26e23f74b9|||Macron ]]se pronunció en contra de la publicación pese a haber manifestado su admiración por Céline.
Las opiniones sobre el hecho de que era un ser humano detestable, que despreciaba a la gente como a sus personajes, son mayoritarias. Pero el lector tuvo la ocasión de conocer al hombre en su vida más íntima, de reconocer que tuvo humanidad, por decirlo así, a través de un breve libro de su viuda: «Céline secreto». De tal manera que Destouches, a los 97 años, contó cómo conoció al atormentado escritor y convivió con él en el tiempo de la [[LINK:TAG|||tag|||6336135059a61a391e0a0a8d|||Segunda Guerra Mundial]] Les separaban veinte años, pero la atracción había sido total: a Céline le encantaban las bailarinas y, cuando se conocieron, Destouches estaba consagrada a la danza. Ella hablaba en aquellas páginas acerca de él como de un hombre guapo, con un lado elegante y relajado, y otro obsesivo y callado; él, por su parte, encontró en ella juventud y alegría; ella, «una mente de hombre vivido».
Un ser desesperado
Mediante la voz de Destouches conocimos muchos detalles de Céline: su adoración por Shakespeare, su fetichismo, su fascinación por las lesbianas, su fracaso como médico sin pacientes, la relación de su escritura con la lesión que sufrió en el oído cuando fue soldado... «En 1912, el año que nací, Louis se alistó por tres años en el regimiento de Coraceros de Rambouillet. Vivió la guerra y, a partir de entonces, su vida quedó trastornada para siempre...», decía la viuda, que lo conoció en 1936: «A partir de entonces y sin tregua tuvimos que convivir con el miedo a la muerte. Los comunistas amenazaban con matarlo; después fueron los judíos... Vinieron el éxodo, la cárcel, Dinamarca. [...] Nadie pasó lo que nosotros». Según Destouches, Céline «era un ser desesperado, de un absoluto pesimismo», y a la vez alguien enérgico, para quien lo personal se transformaba en narrativa: «Louis tenía amantes y me hablaba de ellas, pues aquello le excitaba. Para crear necesitaba esas visiones, esos fantasmas sexuales», llegaba a reconocer sin ambages.
«‘Me horrorizan las escuelas y no quiero ser ni jefe ni soldado ni nada’», declaró una vez el escritor
Entre todo ello además no podía faltar, naturalmente, una referencia a su antisemitismo; tal cosa fue «un permanente ruido de fondo» desde la infancia, pues fue su padre quien «hacía responsables de todos sus males a los judíos y a los masones». Destouches contaba que Sartre acusó a Céline de «haber escrito panfletos pagados por los ocupantes», aunque «nada más absurdo. Se trataba simplemente de no conocer a Louis, jamás a sueldo de nadie, intransigente con todos, incapaz de pactar con quien fuere, siempre solo contra todos». Céline se defendió sobre esos tres panfletos antisemitas declarando que eran pacifistas y huyó de Francia sospechando que su vida corría peligro para recalar en Alemania y Dinamarca.
Aquí fue arrestado por orden del Gobierno francés acusado de colaboracionismo con los nazis, lo que derivó en una condena de más de un año de cárcel. Su país, en 1950, le aplicaría un nuevo castigo, «in absentia», un año más de prisión, siendo declarado desgracia nacional, si bien volvió a Francia al año siguiente de haber sido amnistiado. Ahora, la publicación de «Céline oral (1932-1961)» (traducción de Carlos Manzano) recupera una dimensión menos conocida del escritor, entrevistado, comentado y observado por la Prensa durante casi tres décadas.
Así, el libro reúne entrevistas, declaraciones, artículos y conversaciones radiofónicas, con una introducción de Jean-Pierre Dauphin y Henri Godard, que destacan cómo la exposición mediática de Céline tuvo un efecto particularmente intenso, dado que las entrevistas muestran a un escritor obsesionado por la miseria humana, profundamente desconfiado con las instituciones literarias y convencido de que la novela debía romper con el lenguaje convencional. En una de las primeras conversaciones recogidas en el volumen declara: «La miseria humana me trastorna, ya sea física o moral», una preocupación esta que aparece constantemente ligada a una visión pesimista de la época moderna: «El hombre está desnudo, despojado de todo, incluso de su propia fe».
Acusado de colaboracionista, pasó de héroe de guerra a «desgracia nacional»
«Viaje al fin de la noche» se convirtió rápidamente en un fenómeno literario y periodístico, de tal modo que los medios comenzaron a construir el personaje «Céline» al mismo tiempo que el escritor intentaba protegerse de esa exposición. «Déjeme en la sombra», pide a un periodista. «Ni siquiera mi madre sabe que he escrito ese libro».
Guerra y enfermedad
Por otra parte, Céline insiste en separar su obra de cualquier interpretación autobiográfica directa. «¿Una autobiografía, mi libro? Es un relato a la tercera potencia», afirma en una entrevista de 1932. Sus personajes, añade en otro momento, son «más bien fantasmas». Además, las entrevistas revelan hasta qué punto su visión del mundo estaba marcada por la guerra, la enfermedad y el desencanto. Céline recuerda sus heridas de guerra, sus problemas de salud («tengo un tren en el oído izquierdo») y su trabajo como médico en dispensarios populares.
Así las cosas, es tanto un médico próximo a la pobreza y al sufrimiento social como un escritor consciente de la dimensión provocadora de sus declaraciones, pues no en balde tampoco oculta su rechazo a los grupos literarios y a las etiquetas ideológicas: «Me horrorizan las escuelas y no quiero ser ni jefe ni soldado de nada». Los periodistas, por otro lado, describen la casa de Céline, sus gestos, su forma de hablar, su manera de vestir y hasta la atmósfera física de los encuentros. Con todo, los editores señalan que, a partir de 1937, muchas de sus intervenciones públicas estuvieron ligadas a «la posición que adoptó en los panfletos», y explican que esos materiales quedaron fuera de esta recopilación. Esa ausencia no elimina, de todas maneras, la controversia que rodea su figura, pero sitúa el foco de este libro en la reflexión literaria y en la construcción pública del autor.