Sergio Ramírez: «La verdadera patria de todos es la lengua»
El lugar de[[LINK:TAG|||tag|||63361be687d98e3342b2768f||| Mario Vargas Llosa]] en la Real Academia Española lo ocupará Sergio Ramírez. Un escritor de horma muy diferente al Nobel, pero que comparte algunas similitudes evidentes: los dos han transitado por la política, los dos han conocido sus desazones y amarguras, los dos han transitado por la novela y el ensayo, y los dos, aparte de haber recibido el Premio Cervantes de Literatura, son dueños de una obra con muchos territorios y propietarios de varias nacionalidades. Su candidatura contaba con el respaldo del director de la Real Academia Española, [[LINK:TAG|||tag|||63361c655c059a26e23f85dc|||Santiago Muñoz Machado]]; el exdirector del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y del novelista[[LINK:TAG|||tag|||63361bcf59a61a391e0a1b98||| Luis Mateo Díez]], Premio Cervantes en 2023. Unos apoyos de evidente envergadura que suponen un espaldarazo a un autor transterrado, que, en febrero de 2023, el Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción de Managua declaró «traidor de la patria» junto a otros 93 opositores del régimen de Daniel Ortega, con el que compartió ideales y singladura política desde que, a finales de los años setenta del siglo XX, ingresó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Pero en las merindades de la política no existen lealtades y aquellos amigos se convirtieron después en adversarios y, también, en quienes le denunciaron y lo expulsaron de su país, aunque, como a todo escritor, le queda la nacionalidad de la patria, que va más allá de cualquier territorio y no requiere pasaporte.
Su nombramiento en la RAE viene a respaldar la obra y la personalidad de [[LINK:TAG|||tag|||633617f75c059a26e23f7ebb|||Sergio Ramírez,]] que, como ha declarado, «en lo personal es una gran distinción. Me parece que es un reconocimiento a la fuerza que el castellano de América Latina tiene hoy. Hace tiempo dejamos de ser una lengua bárbara». El novelista, autor de más de setenta libros y que en junio publica su nuevo libro, «La maldición de Ramfis» (Alfaguara), que prosigue la serie de novela negra del inspector Morales, recibió la noticia en Panamá, junto a la editora Pilar Reyes, y, en declaraciones a este diario, no dudó en reconocer que «las circunstancias diversas que he vivido han sido lo que me ha permitido entrar ahora en la Real Academia Española. Salí exiliado de mi país y ahora estoy en España y, por esa nacionalidad española, soy electo, pero sin dejar de ser nicaragüense. Esto, en realidad, lo que establece es lo que significa la lengua para las literaturas hispanoamericanas: que un nicaragüense pueda entrar en el pleno de la Academia y, además, en el mismo lugar que ocupó Mario Vargas Llosa».
«Comparto con Vargas Llosa su militancia por la libertad y su búsqueda de la verdad»
¿Qué supone el sillón L para usted?
Es una carga muy grande ocupar el sillón de él. De hecho, mi discurso estará dedicado a Mario Vargas Llosa, a todo lo que representó y a lo que él ha significado para la lengua, la actualización de la literatura y la puesta al día de la lengua. Con él vino el reconocimiento que el «boom» tuvo en Europa y los libros de los escritores latinoamericanos se dejaron de imprimir con glosario, y se actualizó la lengua urbana y la del campo.
Tienen puntos comunes: conocen la política y han recibido el Premio Cervantes.
Sobre todo me identifico con él por su búsqueda de la libertad. Ahora se usa la palabra libertario, una mala palabra para mí, pero Mario fue un militante de la libertad, lo que yo comparto, y, en la vida personal y en su pensamiento, fue un hombre muy identificado con la vigencia de la democracia, que ahora tanta falta le hace a América Latina.
Este ingreso es, de alguna manera, un apoyo a usted y a lo que representa.
Siempre he insistido en que la verdadera patria de todos es la lengua. Es un punto de confluencia, no de disidencia ni de disgregación. Siempre he sentido que al escribir en mi lengua, tan vasta y agresiva, que avanza y nunca retrocede, hablo desde dentro de mi propia nacionalidad».
¿Qué quiere aportar a la RAE?
Yo tengo una enorme pasión por las palabras y por las palabras que aprendí de niño, el español que aprendí, que estaba muy matizado por la lengua náhuatl, por los términos africanos que entraron en la lengua centroamericana, por el español arcaico, porque en el campo todavía restallan palabras del Siglo de Oro, y a eso sumamos la lengua que llegó y que traía una carga del árabe, del mozárabe... Es una riqueza excepcional la que tengo entre las manos.
Y la va a usar.
Como soy novelista, me gusta bucear en las palabras, me gusta ir hasta el fondo de ellas. Me gustaría incorporar más términos americanos dentro del flujo de palabras reconocidas oficialmente dentro de la RAE. La verdad es que la Academia no crea palabras, solo certifica que están vivas.
Diversidad y unidad del léxico.
Nuestra lengua tiene una estructura fundamental que cubre como un manto a todos los que hablan español, pero también existe un español ibérico, un español de San Antonio de Texas y otro de Chicago teñido de inglés y, además, está el español del Río de la Plata, teñido de lunfardo y centroamericano, influido por vocablos africanos. Es imposible la homogeneización del español, pero tampoco es deseable, porque la lengua española es diversa y es tan rica...