La Universidad de Sevilla pondrá especial énfasis en el uso de cualquier tipo de dispositivo electrónico de cara a la próxima Selectividad , que se celebrará los días 2, 3 y 4 de junio. La proliferación de todo tipo de instrumentos tecnológicos dotados con Inteligencia Artificial (IA), cada vez mejor dotados y con capacidad de ser ocultados con disimulo, ha puesto a las universidades en alerta para intentar evitar su uso durante estos exámenes tan importantes para muchos alumnos que desean acceder a un grado el curso siguiente. La US se sumará a la normativa del resto de universidades andaluzas que están elaborando un protocolo para detectar este tipo de dispositivo, así como para evitar su uso fraudulento. Esta normativa limitaría el uso indebido de audífonos inteligentes, relojes electrónicos, dispositivos de transmisión o almacenamiento de información, teléfonos móviles u otros elementos análogos, salvo aquellos que sean necesarios para su poseedor por prescripción médica. Si bien restan por definir los aspectos, la idea es la implantación en las sedes de exámenes de Sevilla de detectores de frecuencia u otros sistemas tecnológicos destinados a impedir este tipo de fraude durante los exámenes de la PAU. Sin embargo, la implantación definitiva depende del acuerdo al que logren llegar estos días en las reuniones que se están llevando a cabo en el Distrito Único Andaluz por parte de todos los vicerrectores de las universidades de la región. Este año la coordinación de la PAU recae en la Universidad de Cádiz, cuya vicerrectora de Estudiantes ya advirtió que «la prueba se va a llevar a cabo en las mejores condiciones posibles». Cabe recordar que ya existe una normativa general que prohíbe tener teléfonos o dispositivos programables; sin embargo, la tecnología suele ir por delante de la normativa y las instituciones ya trabajan en un protocolo claro para delimitar los marcos de actuación para implementar estos sistemas respetando siempre los principios de igualdad y transparencia. De hecho, el último comunicado del Distrito Único Andaluz señaló que «cualquier medida de supervisión, prevención y control que resulte necesaria para salvaguardar la integridad de las pruebas se aplicarán con criterios de proporcionalidad, mínima intervención y respeto a las adaptaciones autorizadas». Más allá del uso de estos dispositivos electrónicos para copiar, la implantación de la IA ha puesto en un aprieto a los docentes y a los cargos académicos que deben velar por el correcto uso de esta tecnología que ha llegado para cambiar el mundo como lo entendemos. Porque, más allá de los exámenes de Selectividad, el uso de métodos para copiar también se ha producido en exámenes de la facultad o proyectos de fin de Grado. Y las opciones para los docentes de la US no siempre son las mejores. «Oficialmente no existen herramientas para evitar que alumnos usen cosas como pinganillos casi invisibles, pero algunos docentes han llegado a llevarse inhibidores de frecuencia al aula. Su uso es alegal y, como teóricamente los alumnos no pueden usar móviles ni relojes inteligentes, si todo va bien no tendrían por qué darse cuenta», señala un profesor a ABC. En el mercado existen numerosos dispositivos para intentar buscar una 'ayuda' a la hora de realizar un examen. De hecho, una de las webs consultadas por este periódico en el que se venden este tipo de elementos señala sin pudor que «están diseñados para ofrecer la máxima discreción en exámenes, presentaciones o situaciones donde no se puede usar el móvil», además de destacar que se trata de instrumentos «fáciles de usar, compatibles con teléfonos móviles y proporcionan un sonido claro sin que se vean desde el exterior ». Y no sólo se trata de instrumentos de escucha, sino que muchos de ellos vienen acompañados de colgantes con micrófono, mediante los cuales se les puede realizar preguntas a un teléfono móvil con IA que te ofrece la respuesta a la pregunta mediante el pinganillo, que puede llegar a ser de un tamaño de dos milímetros. Así, en el mercado hay pinganillos, bolígrafos con cámara, botones espía y hasta mascarillas con micrófono integrado, un arsenal con uso fraudulento contra el que es complicado luchar. Lo último en tecnología es la existencia de las gafas con IA , aparentemente gafas normales pero que integran cámaras, micrófonos y asistentes virtuales para realizar tareas sin usar las manos. De tal manera que permiten tomar fotos y grabar vídeos en primera persona, responder comandos de voz, traducir texto en tiempo real, reproducir audio o transmitir en vivo. Desde los 20 hasta los 200 euros, el mercado tiene de todo. Trabajar para detectar la IA no es fácil y no siempre su uso es ilegal o inapropiado. «La US sigue sin legislar el uso de la IA y su detección es compleja. Programas como Turnitin la detectan, aunque también hay otras IA para enmascarar la propia IA , así que es difícil», reconoce un profesor que es claro con sus alumnos. «Yo les pido (a título personal) a mis alumnos que me escriban un documento diciendo dónde y de qué modo han usado IA, pero es por iniciativa personal. Con la norma en la mano, podrían negarse a responder y no pasaría nada», argumenta. «Las medidas aplicadas en nuestro ámbito pasan por optimizar las ratios de alumno por aula, reforzar cualitativa y cuantitativamente la vigilancia activa del profesorado y emplear de forma disuasoria dispositivos de detección de radiofrecuencias, los cuales han sido adquiridos por iniciativa de algunos de los profesores del Departamento ante la necesidad de dar una respuesta inmediata», explica por su parte Victoriano Carmona, director del Departamento de Matemática Aplicada II. El profesor Carmona también desvela que han pillado «in fraganti en el aula a alumnos con dispositivos móviles en uso» y también durante la corrección de exámenes, ya que identificaron «estructuras de respuesta idénticas a las generadas por herramientas de inteligencia artificial». Y en todos esos casos los han trasladado a la Comisión de Docencia del Departamento y posteriormente a la Inspección de Servicios. Los trabajos fin de grado o fin de máster son otro de los destinos en los que la IA entra en acción. Aquí no hacen falta pinganillos ni cámaras, pero se ha dado el caso de alumnos que han presentado trabajos de TFG y TFM con el empleo de la IA. « No soy contraria a la IA, sí a que la IA haga el trabajo al completo , pero se pueden usar sus herramientas para mejorar resultados», argumenta esta docente. Como en todas los aspectos de la vida, el refrán de «hecha la ley, hecha la trampa», se aplica también en el universo académico. Ahora le toca el turno a la US de afrontar el futuro para regular una IA que es útil, pero que no debe ser injusta con aquellos que se esfuerzan. Y los exámenes, tanto de Selectividad como de la universidad, son la prueba de fuego.