Pedro Luis: "En Madrid, dentro de toda la presión que se siente, me siento extrañamente libre"
La Feria de San Isidro abre hoy sus puertas a una de las novedades más sugerentes del escalafón menor. El peruano Pedro Luis regresa a Las Ventas, el escenario donde el pasado verano despertó la atención de la cátedra madrileña durante el certamen "Cénate Las Ventas". Tras el aprendizaje que supuso la dureza de la Feria de Otoño, el espada afronta su compromiso más definitivo ante la exigente afición de la capital. Horas antes de hacer el paseíllo, analiza con madurez las claves de una tarde crucial para su futuro.
Su primer contacto con la afición de Madrid el verano pasado dejó una gratísima impresión en el ciclo de nocturnas. ¿Siente que esa noche facilitó su relación con Las Ventas?
Sí, fue una tarde maravillosa. Creo que a partir de ese momento empecé a entrar de verdad en la mente y el corazón de la afición de Madrid. Sentir el eco de esa plaza me ha servido de mucho en mi evolución. Desde el primer minuto en que me vi anunciado en esta plaza, decidí disfrutarlo al máximo porque soy consciente de que no todos los días se tiene el privilegio de pisar la primera plaza del mundo. En ese tiempo me sentía, y me sigo sintiendo hoy mismo, un auténtico afortunado del toreo.
En aquella oportunidad llamó poderosamente la atención su serenidad y su frescura, pareció no pesarle la enorme responsabilidad del escenario. ¿Cómo se gestiona mentalmente la presión de Madrid para poder torear con esa libertad?
Me lo tomé con la enorme responsabilidad que conlleva Madrid, pero también con una inmensa felicidad por estar allí. No existe un escenario mejor para entregarlo todo. El contexto, la historia, la propia piedra de Las Ventas... todo te invita a torear. Por más que la responsabilidad asuste, es una plaza que te devuelve todo lo que le das. Sin quitarle mérito a ningún otro sitio, creo que hay plazas donde se pasan peores miedos; en cambio, yo en Madrid, dentro de toda la presión que se siente, me siento extrañamente libre.
Sin embargo, en la pasada Feria de Otoño, frente a los novillos de Fuente Ymbro, la moneda cambió de cara. ¿Fue ese el día en el que descubrió la verdadera exigencia y la dureza estricta de esta plaza?
Absolutamente. Con el paso de los compromisos la presión va en aumento. Mi primera tarde me la tomé con esa frescura que a veces te da el propio desconocimiento, vas y todo fluye. Pero en la final y, sobre todo, en Otoño, sentí la verdadera realidad de este oficio. El público de las nocturnas de verano tiene un ambiente más juvenil y receptivo, pero el aficionado de temporada te exige la verdad desnuda. Ahí comprendí la dureza y la implicación mental que este público te exige como torero.
El espejo de Roca Rey como máxima figura actual, y el poso dejado por Joaquín Galdós, sitúan al toreo de su país en primera línea. ¿Siente que ellos han abierto un camino para los toreros peruanos en España?
Sin duda alguna. La visibilidad que los maestros le han dado al toreo peruano es grandiosa y eso se refleja ahora mismo en la cantidad de compatriotas muy jóvenes que están viniendo a España para ingresar en las escuelas taurinas. Me da una alegría enorme. La afición en el Perú es inmensa y hoy goza de una salud taurina excepcional, pero la repercusión actual se la debemos a ellos. Ese orgullo del que habla motiva a los nuevos valores a dar el paso y a decir: "Yo también quiero destacar por mi patria". Tengo una relación magnífica con los dos maestros, son personas grandiosas que jamás me han negado un consejo, pero el sueño de ser torero lo tengo desde muy niño y la motivación principal debe nacer de uno mismo. Evidentemente, ver lo que ha logrado Andrés o el calado de Joaquín te hace decirte por dentro: "Yo también soy capaz de lograrlo". Es un estímulo interno muy fuerte, pero siempre siendo consciente de mi propia identidad. Sé perfectamente que, a la hora de la verdad, solo cuento con mis propias fuerzas para motivarme al cien por cien.
Tras la experiencia del año pasado, hoy regresa a Las Ventas en el marco de la Feria de San Isidro. ¿Cambia mucho el panorama al verse anunciado en el abono más importante del año?
El día que me lo confirmaron no sabía ni cómo asimilarlo. Son tardes que desbordan ilusión pero que también pesan mucho en el ánimo, porque el público de feria exige otra dimensión. Pese a todo, estar hoy aquí es un sueño hecho realidad. Cuando miro atrás, a mis inicios, me cuesta creer que esté anunciado en San Isidro, y lo más reconfortante para mi alma es saber que es un puesto que me he ganado legítimamente yo solo en el ruedo. Ese convencimiento me cura las heridas de los momentos más duros y me da la fuerza para salir hoy a mostrar el torero maduro que se ha forjado este invierno.
En el toreo la autoexigencia es innegociable. ¿En qué aspectos ha puesto especial énfasis durante estos meses de preparación invernal para corregir los errores del pasado?
Le he dedicado muchísimo tiempo y cabeza a la suerte suprema. La temporada pasada la espada me dolió mucho; soy un torero que sabe matar a los animales y me daba mucha rabia ver que las cosas no salían. Luego entendí que el toreo son rachas y momentos. Este invierno ha sido muy evolutivo y me he rodeado de gente auténtica, la justa y necesaria para tirar hacia adelante. Tras terminar en Acho regresé a España y pasé los meses entre el campo, la preparación y la búsqueda de mí mismo como ser humano y como torero. Ha sido un invierno muy bonito.
A escasas horas del paseíllo, con los deberes hechos y la mente en calma, ¿qué Pedro Luis quiere que descubra hoy la plaza de Madrid?
A estas alturas ya no se va a inventar nada de un día para otro; el trabajo importante está hecho desde hace años a base de esfuerzo y sacrificio. Llego en un gran momento de mi vida, ideal para dar ese gran golpe en la mesa que el año pasado se quedó solo en pequeños toques de atención. Una de las cosas que más me ha marcado en mi trayectoria es comprobar que la entrega absoluta siempre tiene premio en esta profesión. Cuando un torero sale ahí abajo dispuesto a vaciarse de verdad, sin importar el estilo, Madrid lo sabe reconocer. Además, me hace especial ilusión que ha venido mi padre a verme. Él ya me acompañó en la primera nocturna el año pasado, pero se perdió la final, así que ¿cómo iba a negarle el lujo de ver a su hijo en San Isidro? En la vida las cosas hay que vivirlas en el presente porque nunca sabes lo que puede pasar mañana. Él es el hombre que me lo ha dado todo. Mi madre lo seguirá con el corazón desde la televisión allá en Perú, pero tener aquí a mi padre a mi lado hace que la tarde adquiera otra trascendencia.