La arquitecta y catedrática especialista en conservación Lola Robador ha ingresado en la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla. Así lo han decidido por unanimidad sus miembros en la votación celebrada en la tarde de este jueves. Robador ha consagrado su trayectoria al conocimiento, protección y difusión de la cultura andaluza, entendida como una forma de construir y habitar en diálogo con la luz, el paisaje y la memoria. Su labor académica y profesional trasciende la intervención técnica para situarse en el ámbito de la reflexión cultural, donde convergen historia, arte y pensamiento contemporáneo en torno al patrimonio arquitectónico y urbano de Andalucía. Robador asegura que «ingresar en la Real Academia de Buenas Letras es un honor que lleva consigo un peso muy serio. Más que como un punto de llegada, lo entiendo como un compromiso renovado. Esta institución tiene un rastro de rigor y de amor a Sevilla que impone respeto, y que obliga a estar a la altura de quienes la han habitado antes. Para mí, que llevo años trabajando en el patrimonio de esta ciudad, es una responsabilidad que recibo con gratitud y con humildad». A través de sus investigaciones y proyectos, la flamante académica ha contribuido decisivamente a revalorizar los sistemas constructivos tradicionales y los materiales naturales —muy especialmente la cal y los pigmentos minerales—, defendiendo la identidad cromática y lumínica que caracteriza a las ciudades del sur. Su trabajo enlaza conocimiento técnico, sensibilidad estética y respeto por la tradición, poniendo en valor los oficios y saberes heredados como depositarios de una memoria compartida y de una sabiduría profundamente humana. Su labor investigadora, centrada en el patrimonio como fenómeno cultural, explora no sólo la materia de la arquitectura, sino también la experiencia sensible y simbólica que ésta despierta. En este sentido, su investigación se orienta al conocimiento, la recuperación del patrimonio y la difusión de la cultura, entendida como un legado vivo que se nutre de la conservación y el pensamiento contemporáneo. Su trabajo está vinculado de forma indisoluble al Alcázar , como ella misma confiesa: «El Alcázar es difícil de separar de mi trayectoria, porque no ha sido una sola intervención sino un vínculo que se ha ido renovando a lo largo de los años. Cada proyecto ha tenido sus propias patologías, su propio diagnóstico, pero en todos ha habido un principio común: intervenir lo justo, respetar lo que el tiempo ha depositado, y cuidar tanto la integridad estructural y la riqueza espacial como la riqueza de su epidermis, la verdad visual que el monumento ofrece a quien lo contempla. El Alcázar tiene además esa particularidad maravillosa: la luz, el jardín, los materiales, todo interactúa de un modo que no tiene parangón». También destacan su restauración de la torre campanario de la iglesia de San Bartolomé , que espera retomar pronto en lo relativo a sus revestimientos, «una de las pieles más auténticas que le quedan a esta ciudad»; o la de las fachadas del Ayuntamiento, «especialmente las renacentistas, las que embellecen la plaza de San Francisco, que devolvieron su luminosidad y aportaron nueva vida a la plaza». Actualmente se encuentra volcada en varios frentes a nivel profesional: la restauración de las vidrieras y carpinterías de las fachadas de la Casa Consistorial; el Cenador de Carlos V en el Alcázar —que es «una joya que merece toda la atención»—; y un proyecto de catalogación de la piel histórica de la ciudad que «me parece esencial para conocer lo que tenemos antes de que sigamos perdiéndolo». Además, ha señalado que «últimamente me acompaña el deseo de publicar un libro , una reflexión sobre el paso del tiempo, el respeto, la mirada y lo que llamo la cultura de lo humilde como actitud ante el patrimonio. Como académica, el compromiso es con la verdad, con la belleza, con la investigación, con la docencia en su sentido más amplio, y con Sevilla». En el ámbito patrimonial de la ciudad, en lo relativo a sus retos y asignaturas pendientes , Lola Robador se manifiesta «preocupada por el desprecio a la piel de la ciudad, la sustitución de materiales naturales por otros que no tienen nada que ver con nuestra historia constructiva, la desaparición de los oficios y de las manos expertas». Asegura que «en otros ámbitos la conciencia ecológica ha avanzado mucho; en restauración queda todavía un trecho largo por andar», destacando también el patrimonio de los revestimientos, que considera que «sigue siendo el gran ignorado», ya que «no basta con un estudio cromático: hace falta formación académica, un enfoque multidisciplinar serio, análisis material, documentación gráfica, interpretación rigurosa y el compromiso firme con los materiales naturales y con la identidad de la ciudad. Sin eso, restauramos la fachada pero perdemos la verdad del edificio. Porque restaurar es también proteger la memoria». Lola Robador González es arquitecta por la Universidad de Sevilla (1994) y Primer Premio al mejor Proyecto Fin de Carrera. Doctora arquitecta por la Universidad de Sevilla (1999), con Premio Extraordinario de Doctorado . Desde 1992 desarrolla su actividad docente, investigadora y de gestión en el área de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad de Sevilla, de forma ininterrumpida. Desde octubre de 2018 es catedrática de Universidad de Restauración y Materiales. Ha desempeñado el cargo de secretario del IUACC (Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción) de la Escuela de Arquitectura entre 2005 y 2016. En 1999 inició su trayectoria como profesional libre a través de la Fundación de Investigación de la Universidad de Sevilla (FIUS), siendo autora de proyectos de arquitectura y directora de obra en intervenciones de restauración en edificios patrimoniales Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad, relacionados directamente con los ámbitos de investigación desarrollados: en el Real Alcázar de Sevilla desde 1999 hasta la actualidad, en la Casa Consistorial de Sevilla desde 2005 hasta la actualidad (BIC), en el Palacio de los Condes de Guzmán y su Jardín de Forestier, en el Palacio Villa Carlos de Aníbal González, en las iglesias de San Sebastián y San Bartolomé de Sevilla (BIC), hizo el plan director de la iglesia de la Anunciación y el proyecto de restauración de sus cubiertas (BIC), y restauró la portada y zaguán del Convento de Santa Ángela, entre otros proyectos. Recibió el Primer Premio COAS Arquitectura & Sociedad 2019 en la Categoría de 'Ciudad, Paisaje y Territorio' en junio de 2019, concedido por el Colegio de Arquitectos de Sevilla, por la restauración del Cenador, Estanque y Jardín del León del Real Alcázar de Sevilla, conjunto Patrimonio de la Humanidad, y la Mención especial de los Premios Andalucía de Arquitectura 2022 por la restauración de la torre campanario de la iglesia de San Bartolomé de Sevilla.