Le costó dar el estirón y creerse que se merecía estar entre los mejores, que él mismo lo era; ocho primeras finales perdidas. Pero alcanzó un estatus envidiable que lo llevó a ser uno de los tres únicos tenistas que ha obligado a Rafael Nadal a jugar cinco sets en Roland Garros. En los últimos tiempos pasó por una época de lesiones que lastraron su revolución. Pero Felix Auger-Aliassime (25 años, Canadá) sabía que tenía todo para volver a la élite y aspirar a todo lo que se le presagiaba en su momento. De adolescente viajó a Togo, de donde es su padre, y descubrió que la realidad no era solo tenis y privilegios, lo que ha hecho del tenista un adulto responsable y comprometido con los que no lo tienen tan fácil. De nuevo número 5 de la clasificación, charla con ABC, antes de debutar contra Vilius Gaubas, sobre aspiraciones laborales, trabajo diario y conectar con el mundo real. -Ha tenido un buen año, está cinco del mundo y llega a Madrid sin Alcaraz. ¿Ahora es una bendición un torneo sin él o sin Sinner? -Es verdad que da la impresión de que son los que lo ganan todo. Y son, de lejos, los mejores. Luego hay un grupo de jugadores que también ganan, pero quizá no a ese nivel. Ben Shelton ganó la semana pasada, está Alexander Zverev que ha ganado dos veces aquí, yo mismo estoy ganando bastantes partidos. Así que por ranking también se ve quién está más en forma. Para nosotros, si Carlos no juega, quizá formemos parte de ese grupo de aspirantes. No lo tenemos en nuestra parte del cuadro, y podemos ira cuartos o a semifinales. Pero siempre se puede tener un mal día y perder. Así que hay que tener cuidado, ser humilde y concentrarse en cada partido para intentar seguir adelante en el cuadro. No está él, pero están Sinner y Zverev… -¿Alcaraz y Sinner son tan buenos? ¿Puede ser también una barrera mental? -No, no es mental. Es el juego. Son los mejores y sí se nota cuando te enfrentas con ellos. Tienen mi edad, más o menos. Carlos incluso es más joven que yo. Carlos es casi como un niño. Así que no es que esté impresionado como cuando jugaba contra Rafa Nadal o Novak Djokovic, sino que es así de bueno. Y Jannik también. Son muy difíciles de ganar. -¿Es tan grande la distancia? -He jugado contra Sinner cinco veces seguidas. Si estás intentando ganar torneos, no es normal perder cinco veces. Solo queda aceptarlo, saber que se puede y mejorar para acortar la distancia y poder ganar en algún momento. Pero necesito mejorar. -Sinner no tanto, pero Alcaraz sí saca la rabia o la alegría. Usted es uno de los tenistas más correctos. ¿Eso puede perjudicarlo? -Creo que ser cortés es importante, pero más que cortesía es respeto. Me gusta que me respeten y respetar a los demás. Se siente mejor vivir así, tanto en el torneo como en la sociedad, cuando nos respetamos entre todos. Pero creo que en el tenis no es ni bueno ni malo. Cuando sales a la pista tienes que ganar con lo que tienes, con tus armas, y cada uno tiene las suyas, pero salir a ganar siempre. Para mí es la mejor forma de respetar a mi rival, y al deporte: jugar con pasión y con intensidad. -¿La tormenta va por dentro? ¿Se enfada consigo mismo mucho cuando pierde? -La verdad es que sí. No me gusta perder. Aunque sobre todo no me gusta hacer las cosas y sentir que no las he hecho tan bien como debería o podría haberlo hecho. Siempre me he esforzado en mejorar, desde pequeño. Y ahora también en esta etapa diferente. Veo dónde estoy en mi carrera, lo que he conseguido, y lo que aún puedo hacer y mejorar. Quiero estar en la posición en la que está Sinner. Y voy a luchar por llegar. Me gusta este proceso de intentar ser mejor, siempre me ha gustado ver pequeñas evoluciones. No tengo problema en seguir trabajando. -En ese camino estuvo trabajando con Toni Nadal y buscando cosas después de un bajón de resultados también por lesiones. ¿Qué ha aprendido de usted mismo en ese proceso de expectativas y realidad? -Hace cuatro años fue la primera vez que entré en el top ten, terminé sexto. Mi juego seguía ahí, pero había otras cosas que tenía que pulir. Necesitaba cuidar mi cuerpo, tomar las decisiones correctas con respecto a mi agenda, gestionar bien a mi equipo y la gente que me rodeaba. Me di cuenta de que no era solo tenis, que se trataba de tener también en equilibrio cosas de fuera de la pista. Cuando pude poner a la gente con la que me sentía feliz, empecé a sentirme mejor también dentro de la pista. También mi cuerpo comenzó a estar mejor preparado. -¿Hubo un click para volver a demostrar que sí podía volver a los grandes escenarios? -Fue un proceso. Primero fue el cuerpo, que se estabilizó. Después llegó el tenis. Poco a poco sentí que estaba entrenando mejor, sintiéndome en el lugar que me correspondía y en la mejor posición para llegar a los torneos jugando bien. Era cuestión de tiempo, de ser paciente, de seguir creyendo en que volvería a estar arriba, para volver a ganar y al mismo ranking que hace cuatro años. Y ahora me doy cuenta de que si puedo manejar todas esas cosas, y estoy listo para cada partido, tengo la oportunidad de volver a ganar, y de mantenerme en este nivel por más tiempo. -En ese buscar la mejora y el mejor equipo, ¿puede resultar el tenis una profesión muy solitaria y cerrada en una burbuja? -Por una parte es necesario, porque requiere mucha preparación y concentración porque los márgenes son muy pequeños. Un error puede cambiar el rumbo de un partido. Yo intento prepararme mentalmente para ello, y concentrarme cuando estoy en el gimnasio, cuando estoy en la pista. Pero cuando no estoy en la pista, hay que salir de todo eso. Estoy con mi familia, y estoy con mi equipo. -¿A veces se siente como fuera del mundo real? -Es curioso. En cierto modo sí. Me concentro mucho en mi carrera, para saber qué tengo que hacer para ganar y mejorar. Pero cuando vuelvo a Montreal, a casa, veo a los chavales que están en el club en el que crecí, en el gimnasio en el que me entrenaba, con los entrenadores que me guiaban, y veo mi nombre en las paredes y no puedo dejar de pensar 'guau', no lo pienso durante la temporada, pero tengo esta responsabilidad también. Una posición a la que estos chicos aspiran. Así que intento darles esperanza, darles un buen ejemplo de profesionalidad y pasión por el deporte y una forma de enfocar una carrera que es la que me ha servido a mí. Lo intento hacer en cada partido, pero sobre todo cuando estoy allí, como después de Miami, que pude hablar con muchos de ellos para mostrarles el camino. Para mí es genial. -Pero usted ha tenido un camino muy bueno, privilegiado, porque no todos llegan. De hecho, tiene su campaña #FAAPointsForChange, por la que dona cinco dólares por cada punto que gana para los niños de Togo. ¿Lo siente así? -Desde luego. Cuando uno se dedica a mi trabajo, como dices, tengo la suerte de haber tenido esta oportunidad, de que hubiera torneos, de que si eras bueno pudieras progresar y dedicarte a esto por completo. Pero sí, tengo que reconocer que tuve mucha suerte. De estar en Canadá, y de nacer con estas oportunidades, de estar rodeado de buena gente, de una buena familia. Y no es el caso de muchos niños, ni de mucha gente que tiene las mismas aspiraciones. Para mí es importante estar muy conectado al mundo que me rodea, y no olvidarme de la suerte que tiene uno. Yo me he esforzado también, claro, pero sin duda tienes que tener unas buenas circunstancias. Todos formamos parte del mismo mundo, así que intento mantenerme en contacto con la realidad de los demás, tratar de darles un empujón en la vida. Un poco de ayuda. -¿Qué le daba tocar el piano? -Sí, toco un poco. Aprendí cuando tenía siete, ocho o nueve años. Di algunas clases, y siempre lo disfruté. Siempre tuve un piano en casa y todavía lo tenemos. Me gusta el artista italiano Ludivico Enaudi. Incluso fui a verlo a Milán. También Florian Christl. Principalmente me gusta música contemporánea, y por supuesto clásica, que también escucho. En realidad, cualquier música relajante. Para desconectar. -¿Y qué expectativas tiene para este torneo en Madrid? -España tiene una gran cultura de tenis, mucha historia con grandes jugadores. Los aficionados disfrutan de ver a los jugadores profesionales. Siempre hay un gran ambiente. Es para lo que juego, para lo que intento jugar bien. Obviamente quiero ganar pero también quiero ofrecer un buen espectáculo en Madrid.