España y las contradicciones de formar parte de un «ejército europeo» como quiere Sánchez
El presidente del Gobierno se ha convertido en una figura relevante de la comunidad internacional. Desde aquel apretón de manos con Donald Trump en Egipto, Pedro Sánchez ha decidido tomar la iniciativa y provocar giros inesperados.
Por ejemplo: negarse a que Estados Unidos usara las bases de Morón y Rota para su campaña contra Irán. Igualmente ha lanzado grandes críticas contra Israel por su bombardeo del Líbano e incluso ha pedido enviar una misión militar a Gaza. En su última comparecencia pidió que la Unión Europea debía hacerse cargo de su propia seguridad y crear un «ejército europeo».
Un proyecto que lleva encima de la mesa desde que nació la comunidad económica, pero que nunca ha logrado llevarse a cabo.
Hoy, la UE ya no es la potencia regional que era antaño. El panorama geopolítico se ha transformado radicalmente en los últimos años. Seguramente esto se empezó a percibir con la primera presidencia de Trump y ha ido desarrollándose tras el inicio de la guerra de Ucrania en 2022, el conflicto en Gaza promovido por Israel y, ahora, por la vuelta del candidato republicano a la administración estadounidense.
El regreso de Trump ha sido un verdadero giro de 180 grados para la política europea, pues el mandatario ha amenazado directamente a sus aliados con aranceles, ocupar Groenlandia y ahora con deshacer la OTAN, todo por no apoyarle. Es más, el presidente norteamericano ha sido claro al respecto de que Europa no debe depender ya de Estados Unidos para su defensa. Eso ha hecho que dentro de la UE muchos empiecen a replantearse las cosas.
EE UU ha sido para Europa su paraguas y escudo desde la Guerra Fría. Las múltiples bases equipadas con misiles fueron en su momento culmen la garantía de que la desaparecida URSS no se iba a lanzar a una campaña militar hacia occidente.
Ahora ese paraguas parece que se ha llenado de agujeros y no sirve. La política de defensa y seguridad de la UE, por tanto, debe modificarse. Ahí es donde llega la petición de Pedro Sánchez de crear un ejército europeo.
Sin embargo, la idea, aunque parece lanzada desde un sentimiento de fraternidad con el resto de los miembros, ¿es realmente posible? Pues desde la óptica de España, país que ha sido el responsable de lanzar la idea, es como poco complejo por múltiples factores.
El concepto de unas fuerzas armadas integradas por todos los países miembros de la UE es atractivo para muchos políticos de Bruselas. Esto significaría que los Veintisiete tendrían un ejército para actuar allí donde tuvieran intereses, para defender la integridad de las naciones que la forman y, sobre todo, para eliminar la dependencia de Estados Unidos, China u otros estados que han resultado (o pueden) ser poco fiables como socios de esta categoría. Ahora bien, y como adelantábamos, la propuesta entraña bastantes dificultades. Prueba de ello es que este asunto lleva encima de la mesa desde, al menos, la década de 1950.
Desde entonces ha habido amagos como la creación del denominado Eurocuerpo de 1990 que tenía legitimidad para actuar en nombre de Francia y Alemania.
Pero, en realidad, el tema es parte de un debate cíclico que acaba saliendo siempre. ¿Cuáles son los factores que complican su desarrollo? Asumiendo la posición de España son varios: inversión, industria, número y calidad de las fuerzas y, sobre todo, intereses estratégicos en el plano internacional.
Para construir un ejército europeo se requeriría una inversión inicial fuerte. Ello nos lleva al segundo punto: la industria armamentística. Hoy España ha incrementado el gasto en defensa alcanzando más del 2 por ciento del PIB que le pedía la OTAN. El aumento ha continuado y es verdad, como dicen algunas asociaciones de militares, que el Gobierno «ha regado con millones» la industria, pero no de manera inteligente.
En general se ha apostado por seguir adquiriendo sistemas de diseño estadounidense, lo que mantiene la dependencia. Si se quiere un ejército europeo este y sus fuerzas nacionales deberían usar tecnología y material cien por cien europeos.
Si no, la idea no florecerá. Dicho esto, la inversión real superaría más de ese 2 por ciento que ya se ha alcanzado, ya que sustituir el equipo estadounidense por otro no será barato, aunque los beneficios son evidentes: independencia industrial, soberanía tecnológica y evitar depender de aliados poco colaborativos. ¿Aceptaría la ciudadanía ese enorme presupuesto en cuestiones militares? Aquí hay otro obstáculo.
En cuanto al número y calidad de fuerzas, Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa, ha evaluado la propuesta de crear un ejército permanente en, al menos, 100.000 efectivos. Esas decenas de miles, se supone, provendrán de todos los miembros. ¿Qué cuota se le asignará a España? Y más importante: ¿en qué condiciones?
Asociaciones de marinería y tropa han lanzado duras críticas a los organismos gubernamentales españoles por aumentar la inversión en tecnología, pero no en los recursos humanos. Los sueldos no suben y la crispación, aunque silenciosa, cada vez es más fuerte. ¿El ejército europeo tendrá mejores condiciones?, ¿cómo será su reclutamiento? Inevitablemente, si España quiere aportar miles de efectivos que guardarán las fronteras de la UE y sus intereses deberá mejorar el estatus de sus soldados dentro del ejército nacional.
Dicho esto, y no se puede dejar sin comentar, está la cuestión de los 100.000 soldados que menciona Kubilius. Según su análisis, la cifra se basa en el número de soldados estadounidenses desplegados en el continente.
Ahora bien, es un análisis erróneo, porque lo importante de esos miles de militares no es su número, sino a quién pertenecen: un imperio global equipado con armas nucleares.
Eso lleva a otra pregunta: ¿tendrán estas fuerzas acceso a un arsenal nuclear? España es de los países de la UE que podría desarrollarlas si se lo propone.
Por supuesto eso requeriría más inversión, pero es indispensable para entrar en juego donde el mapa está repleto de potencias que las poseen.
Queda por analizar los intereses estratégicos de cada uno de los miembros. Con seguridad este es el mayor escollo para el proyecto. Sean cuales sean, cada país de la UE tiene una forma de ver las cosas y eso debería ordenarse si se quiere disponer de un ejército común.
España no puede permitir, por ejemplo, que Francia siga armando a Rabat. Los debates sobre la posición de la UE frente a Israel deberían resolverse. Alemania es aliada de Tel Aviv, mientras que Italia y España son más críticas. Francia tiene intereses en África que otros no.
Asimismo, se encuentran los países del centro y este que mantienen una relación ambigua con Moscú mientras Bruselas está en contra de negociar con esta.
Todos estos temas deben organizarse y tener un orden, porque si no será imposible que el «ejército europeo» que quiere Sánchez se convierta en realidad.
Las cuestiones que rodean a un futuro ejército europeo son amplias y están llenos de obstáculos que deben salvarse.
Por nuestra parte, estaremos pendientes de cualquier nueva información relevante. ¿Se transformará esta idea en algo real o será otra vez convertida en agua de borrajas? Lo veremos.