Con la iglesia hemos topado: Netanyahu evita distraerse de su objetivo
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no quiere ruido. No quiere interferencias. No quiere nada que le distraiga de su principal objetivo: derrotar a todos sus enemigos, tanto en el campo de batalla como en las urnas. Y por eso cualquier imprevisto en una guerra ya de por sí imprevisible debe ser controlado al instante con reflejos de estadista y recursos de político oportunista.
Eso es lo que ha hecho el premier israelí al revocar de madrugada la prohibición de entrada al Santo Sepulcro al patriarca de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, que provocó el Domingo de Ramos un desagradable incidente con la Santa Sede y el mundo cristiano.
De esta manera, la máxima autoridad de la Iglesia Católica en Tierra Santa puede, según el gobierno israelí, «celebrar servicios religiosos según desee». «He dado instrucciones a las autoridades competentes para que se le conceda acceso pleno e inmediato a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén», escribió Netanyahu en X después de que horas antes justificara una prohibición que le puso en contra no solo de potencias poco entusiastas con esta guerra, como Francia, Italia, Portugal o España, sino incluso a su aliado Estados Unidos, quien por boca de su embajador en Israel definió la medida como «un desafortunado exceso con importantes repercusiones a nivel mundial».
Netanyahu tiene claro que en esta guerra, como en cualquier otra, es importante identificar quiénes son los enemigos. Y entre ellos no está, desde luego, la Iglesia Católica, por lo que no ha tardado en apagar un conato de incendio que llegaba en el peor lugar y en el peor momento, nada menos que en Tierra Santa y en la semana de pasión.
La guerra va bien para Netanyahu
Porque, a diferencia de lo que le ocurre a su aliado, la guerra va bien para el primer ministro israelí, tanto en el frente de batalla como en la retaguardia electoral. Pese a la inesperada resistencia del régimen de los ayatolás y a que el conflicto se ha torcido en la vertiente de la economía, el foco crítico parece estar puesto sobre la cabeza de Donald Trump. Con sus continuos cambios de opinión, el presidente ha evidenciado que no tiene clara la estrategia en una guerra cada vez más impopular.
Las masivas [[LINK:INTERNO|||Article|||69c807cd4cfdb0e407261d1a|||manifestaciones del sábado del movimiento «No Kings» son la última prueba]] de que la guerra de Irán está pasando factura al inquilino de la Casa Blanca. Su popularidad ha caído otras tres décimas en la última semana, según el tracking diario que hace The Economist. Apenas un 38% aprueba su gestión frente a un 56% que la censura. Casi dos de cada tres estadounidenses se opone a la guerra tal, según las últimas encuestas.
Al otro lado del charco la situción es muy distinta. En una hábil estrategia, Netanyahu ha sido capaz de trasladar la idea de que los errores en la ofensiva son culpa de Trump y los aciertos méritos suyos. Que la guerra iba a durar poco y parece estancada... culpa de Trump. Que los líderes del régimen iraní van cayendo con precisión quirúrgica como piezas del dominó... mérito de Netanyahu. Que Ormuz está bloqueda porque nadie previó que era el punto más débil... culpa de la falta de estrategia de Trump. Que la industria nuclear y militar de Teherán va camino de su extinción... mérito de Netanyahu.
En contra de lo que ocurre en EE UU, en Israel la ofensiva contra Irán es vista como un trampolín político excelente. Las encuestas que recurrentemente se publican en ese país demuestran que la popularidad del primer ministro no solo no se ha visto afectada, sino que en ocasiones se ha reforzado. Hace unos días, el principal diario israelí, Haaretz, publicaba que el 92% de los judíos israelíes apoyaba la guerra emprendida por su país, una cifra que The Times of Israel rebajaba hasta el 78% la pasada semana.
Este respaldo ayudaba a Netanyahu a mantener su intención de voto o incluso a mejorarla. Una encuesta publicada el domingo por Kan News aseguraba que el Likud de Netanyahu sube en los sondeos de 25 a 28 escaños, mientras que el líder de la oposición baja de 20 a 19. Sin embargo, los analistas advierten de que una guerra larga puede volverse en contra del premier israelí. Por eso, al igual que Trump, necesita una victoria rápida y contundente. Y para ello lo importante ss no distrerse de su objetivo.