La resaca, por qué la tienes y qué puedes hacer para sobrevivir a ella
"En el mismo pecado tienes la penitencia", me recordaba mi abuela las veces que me vio con una resaca (fueron pocas, palabra). Las resacas parecen ser la forma que tiene el cuerpo de recordarnos los peligros de los excesos con el alcohol. Desde el punto de vista fisiológico, es un ataque desde todos los frentes: diarrea, fatiga, dolor de cabeza, sensibilidad a la luz y el sonido, vértigos, náuseas, palpitaciones, sudoración y temblores, son los síntomas más habituales.
Las resacas son muy, muy desagradables. ¿Qué es lo que nos pasa por dentro? Y sobre todo ¿hay algo que podamos hacer cuando ya es demasiado tarde y estamos en sus garras?
Curiosamente, los mecanismos biológicos que dan lugar a la resaca no están completamente claros, y esto ha dado lugar a múltiples leyendas urbanas e interpretaciones erróneas. El "Grupo de investigación de la resaca del alcohol" es un intento de varios científicos especializados de clarificar toda la información al respecto, que han resumido en una publicación llamada La resaca del alcohol. Causas, consecuencias y tratamiento.
La resaca generalmente comienza varias horas después de que los niveles de alcohol en sangre se acercan a cero, y los síntomas pueden durar hasta 24 horas o más. Según el grupo de investigación, la resaca no siempre viene de un ingesta excesiva alcohol, y se puede producir incluso cuando se han alcanzado niveles de alcohol en sangre más bajos. Es decir, no es necesario estar totalmente borrachos para sufrir después la resaca.
Según los investigadores, hay otros factores que influyen en el riesgo de padecer resaca. Por ejemplo, comprobaron que las personas que bebían alcohol con mayor frecuencia y en mayor cantidad experimentaban menos resaca. La conclusión es que el factor determinante es el incremento del consumo de alcohol respecto al habitual. De forma sorprendente, también influye el nivel de intoxicación subjetiva, es decir, cómo de intensa creen las personas que es su borrachera.
Otro de los factores determinantes es la rapidez con la que nuestro organismo es capaz de eliminar el alcohol. El alcohol es una sustancia tóxica, y para el cuerpo es urgente metabolizarla y convertirla en compuestos inofensivos, algo de lo que se ocupa el hígado. El problema llega cuando la dosis de alcohol es demasiado alta. Primero las enzimas presentes en el hígado convierten el alcohol en acetaldehído, una sustancia extremadamente tóxica y cancerígena. A continuación, el acetaldehído se convierte después en acetato, una sustancia inofensiva, que luego se transforma en CO2 (que exhalamos) y agua.
El paso de acetaldehido a acetato es crucial. Si se produce rápidamente, hay menos estrés oxidativo y menos daños. Si se produce lentamente, este compuesto tiene más tiempo de hacer destrozos en el organismo, dañando el hígado, las neuronas y el intestino (el alcohol aumenta el riesgo de cáncer de colon). Por este motivo, quienes metalizan rápidamente el alcohol tendrán menos resaca que quienes lo hacen lentamente.
Una parte de los síntomas de la resaca son simplemente deshidratación. El alcohol es un diurético, lo que significa que aumenta la producción de orina. La deshidratación puede provocar síntomas como boca seca, sed, mareos y la sensación de "niebla mental". La irritación del estómago y los intestinos por el alcohol es la responsable de las nauseas, vómitos y dolor abdominal.
El otro componente son las alteraciones del sueño: el consumo excesivo de alcohol puede alterar los patrones de sueño. Aunque pueda parecer que dormimos más tras una borrachera, el sueño es de peor calidad, y disminuye la duración del sueño profundo, al mismo tiempo que puede aumentar la de la fase REM, en la que se producen los sueños. La baja calidad del sueño es la responsable de la fatiga, una peor función cognitiva y mayor irritabilidad.
Se ha comprobado que los alcoholes claros (como el vodka) producen menos resaca que los que tienen color, como el vino o el whisky. La razón es la presencia de congéneres, compuestos distintos del alcohol y que proceden de la fermentación y la destilación, y que dan color a las bebidas. Sin embargo los congéneres tienen un efecto muy limitado si se compara con el efecto de la cantidad de alcohol ingerida.
La resaca es tan antigua como el consumo de alcohol por parte de los humanos, así que hemos tenido tiempo de crear mitos y leyendas alrededor de este mal, y cómo combatirlo. Hay tres que son especialmente insidiosos:
Muchos de estos remedios falsos tienen algo en común: beber más líquido. Este es el primer paso.
Cuando te despiertas con un gran dolor de cabeza y aturdido después de haber bebido demasiado, lo último que quieres es elegir alimentos y bebidas que te hagan sentir aún peor. La resaca te está avisando de que has causado daños a tu organismo, que necesita reparar. Estos son algunos de los factores que hacen que este trabajo de reparación sea más sencillo:
* Darío Pescador es editor y director de la revista Quo y autor del libro Tu mejor yo publicado por Oberon.