Crítica de "La gran juventud": se abre el telón ★★★
Quienes conozcan a Bruni-Tedeschi como actriz, reconocerán aquí esa volatilidad del ánimo, que viaja, desde la ciclotimia más radical, de la alegría al llanto en pocos segundos. En este sentido, “La gran juventud”, que es como “Un paso adelante” para fanáticos de Koltès, puede resultar una estimulante introducción al mundo de la interpretación, entendida no como un oficio sino como una forma de vida, que extiende lo performático al ámbito de lo cotidiano y sus afectos. Es, también, la mirada antinostálgica a otra época, la década de los ochenta, atravesada por el sida, por el consumo de drogas y por el sexo libre, antes de que habláramos del #metoo. Ese retrato colectivo, que a veces puede resultar agotador en su desmesura afectiva, queda un tanto desenfocado cuando se centra en la relación tóxica de Stella, alter ego de la cineasta, con uno de sus autodestructivos compañeros de clase. Es entonces cuando Bruni-Tedeschi nos obliga a llorar con los privilegiados.
Lo mejor:
La vitalidad de sus actores y su espíritu libre de toda nostalgia.
Lo peor:
Funciona mejor como retrato colectivo de la vida entendida como acto performático que cuando se centra en un solo personaje.
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