Luis Suárez pone rumbo al título
Otro noche más, la tercera consecutiva, de Joao Félix en el banquillo. Al margen del resultado, la única fuente de debate o argumentación en el fútbol, cuesta asimilar que Simeone prefiera a Correa al portugués. El entrenador se ha distinguido durante estos años por una virtud, expuesta por numerosos jugadores al salir del club. Es un tipo justo, que no se casa con los nombres, no transige con la política. Es práctico y, según dicen sus futbolistas, justo. Por eso, parece un motivo de inquietud que un futbolista con un amplio ramillete de limitaciones como Correa sea capaz de sentar en el banquillo a Joao Félix. O la actitud del luso es deficiente o a Simeone se le atravesó por el ojo.
El Éibar plantea su austeridad como un ejercicio de prudencia y sensatez. Hace pocas cosas bien, pero lo tiene claro. Mendilibar no quiere experimentos. Se trata de robar el balón lo más arriba posible y de plantear el ataque con celeridad, sin mucha elaboración, por la vía rápida.
Los centrales del Éibar aprietan, sus centrocampistas ganan duelos, su portero es fiable... No hay fisuras en un grupo que no duda, porque sabe a lo que juega.
Tal es su actitud recia que no parece frívola la decisión que acompaña al primer gol del partido. Un penalti absurdo, de defensor deficiente, de Carrasco que asume el Dmitrovic, el portero. Una suerte de Chilavert zurdo que se mide a Oblak. No hay paradiñas, miradas al enemigo para ver por dónde se tira. Dmitrovic sacude a la pelota con fiereza y decisión. Gol del Éibar.
Al Atlético le faltan Koke y Hermoso para aplicar criterio en la salida del balón. Saúl no llega a su antiguo nivel, se enreda y asegura demasiados pases hacia atrás. Correa revolotea y está rápido, pero no tiene la lucidez de Joao Félix con la pelota en los pies. Carrasco divisa una noche gris. El Atlético sufre porque no elabora, se trompica por el centro como en los viejos tiempos y el balón no llega a Luis Suárez en condiciones potables.
Apenas sin ocasiones en la primera mitad (un volea alta de Correa), el asunto cambia para el club madrileño con un arranque impetuoso de Marcos Llorente. El exmadridista persigue con codicia a un central, se estira e intercepta el pase largo habitual de los jugadores del Éibar. El rechace cae cerca de Luis Suárez, quien no necesita mucho para acomodar el cuerpo, situar la portería en la mirilla y largar un derechazo, desde una posición incómoda, directo a gol.
Simeone modifica el guión en el descanso. Da entrada a Joao Félix por Correa y a Torreira por Lemar. Pero el panorama no cambia con el talento del portugués porque el Éibar se siente plácido en un partido sin elaboración, que se maneja al choque y en las jugadas paradas. Kike García compromete a los centrales atléticos con su corpachón de peso pesado. Felipe tiene tarjeta y sigue arriesgando en cada salto.
El Atlético tampoco encuentra la conexión usual de Trippier con Llorente. Vrsaljko no siempre lo ve. Torreira afianza el andamio, pero no construye. El partido parece abocado al empate porque así lo decretan los méritos de unos y otros. Carrasco chuta fuera una falta cerca del área. El Atlético adolece de buenos lanzadores desde hace años.
Pero el duelo se decide otra vez en la personalidad de Luis Suárez, que gana la carrera a Arbilla y provoca un penalti. De la nada, saca petróleo. El penalti, transformado a lo Panenka, es la guinda de un partido que gana él.