Cenas descomunales
En el horno ya se está cocinando el pavo relleno, sobre las hornillas burbujean los romeritos en mole negro y el bacalao a la vizcaína; la mesa del comedor se adorna con la ensalada de manzana y piña junto a la de verduras y mayonesa; los invitados, uno a uno, colocan las botellas de vino, las bolsas con pan blanco y la botana, que en esencia se trata de frutos secos, cacahuates japoneses y huevitos de chocolate envueltos en papel aluminio decorado. La abuela da los últimos retoques al ponche, del cual dicen heredo la sazón y la receta de su propia abuela. En los próximos días se hablará del recalentado y de los regalos, pero, también, de los kilitos de más.
Las cenas decembrinas, en el caso mexicano, son sinónimo de excesos, derroche y las causantes del sobrepeso; sin embargo, habría que revisar si son realmente las que ocasionan estragos al organismo, o tan sólo un mito que busca enmascarar las costumbres del resto del año. Aquí una muestra, si nos referimos a una cena modesta, con los platillos tradicionales como los romeritos, el bacalao y, por mencionar alguno, el lomo de cerdo; en realidad estamos ingiriendo una dieta balanceada, con proteínas en la carne de cerdo, ácidos grasos omega 3, 6 y 9 presentes en el bacalao, fibra de los romeritos y, si fuese el caso, con los beneficios de la sidra, que al ser una bebida fermentada aporta hidratos de carbono, vitaminas, ácidos y minerales, los cuales actúan en la digestión, presión arterial y reducción de colesterol y triglicéridos.
Al menú anterior le tendríamos que incorporar los elementos complementarios, como lo son las botanas, los refrescos o el pan con el que se acompaña la cena. Estos últimos sí representan el mayor aporte en azúcares, carbohidratos y grasas. Pero debemos reconocer que en todo el año se consumen estos alimentos, ya sea como complementos de la dieta cotidiana o por antojo. Luego entonces, es nuestra cultura alimentaria la que debemos replantear, y no aquellas preparaciones que identifican esta temporada. Otro factor, relevante, es el horario en el que se desarrollan estas cenas; la sociedad mexicana promedio, a pesar de los horarios laborales y estilos de vida, no cena después de las 11:30, pues se tiene la idea de que las cenas pesadas ocasionas distorsiones del sueño o males estomacales.
De esta manera llegamos al nuevo año, con resacas morales, kilos extra y un puñado de propósitos, los cuales buscamos expiar con membresías a gimnasios, pares de tenis para correo y dietas que difícilmente se ajustarán a nuestro acostumbrado estilo de vida, pero sin reparar en la comida diaria. La clave para estas fechas es comer aquello que consideramos de temporada y balancear los azúcares, carbohidratos y ultra procesados, de esta forma cumpliremos el antojo con la menor cantidad de consecuencias.