La salud es cosa seria
El Seguro Popular no debe desaparecer.
Hace ya muchos años, cuando la presidencia de Fox, el doctor Julio Frenk, que después fue director de Salud Pública de la Universidad de Harvard y ahora es rector de la Universidad de Florida, o sea una personalidad mundial en el campo de la salud, planeó, proyectó e instaló un bello programa llamado Seguro Popular, que está atendiendo en la actualidad a más de 50 millones de mexicanos y en cuya planeación se controlan las llamadas enfermedades catastróficas, que en otro tiempo solo eran tratadas si eran ricos los que las contraían y sobrevivían; pero los pobres morían inexorablemente.
Es increíble que alguien no le recuerde al presidente AMLO aquella bella frase que una vez le dijo a una reportera de la UANL el presidente López Portillo, hombre culto y brillante, aunque equivocado en algunos temas, por la nefasta influencia familiar y de colaboradores radicales: “Cuando uno va a una posición pública debe conservar lo que hay que conservar y cambiar lo que hay que cambiar, y para gobernar no se puede tener geometría de izquierda o derecha”. Bajo esa tesis no vemos razón para que se altere el Seguro Popular, cuyo éxito está demostrado.
Si el tema es nada más cambiar por cambiar el nombre y llamarle Bienestar Social, pues eso demuestra ser una simulación, porque ese programa, que es muy serio y muy importante, precisamente para la gente humilde que AMLO dice defender, está cumpliendo con su función, de que con una pequeña cuota y coordinación interinstitucional, los enfermos que tienen carencias económicas puedan tener niveles semejantes de atención que aquellos que tienen un alto ingreso financiero.
Otra aberración es cancelar el programa Oment (Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles) que coordinaba la UANL y que impulsaba el ex rector Áncer, que era secretario del Consejo de Salud Nacional. Todos estos cambios sin rumbo me llevan al diagnóstico que AMLO no escucha a nadie, pues el doctor Alcocer sí es un buen médico y seguro que no está de acuerdo, en su conciencia, con estas tozudas decisiones.
Descartes: Pienso, luego existo… No hay que cambiar por cambiar. Hay que cambiar solo para mejorar
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