Fichaje bajo sospecha
Nadie duda de la calidad de Van Beijnen, que coincidió con De Jong en las categorías inferiores del Willem II y mantienen una buena amistad. Pero también es cierto que debe cumplirse el viejo dicho de que la mujer del César, además de ser honrada, debe aparentar serlo. Y el fichaje del defensor neerlandés desata todas las suspicacias posibles. De todas formas, no sería la primera vez que un club ficha a un jugador para poder hacerse con los servicios de otros. Ya le ocurrió a Joan Gaspart cuando tras cobrar los 10.000 millones de las antiguas pesetas de la cláusula de rescisión de Figo, se marchó a Londres a fichar a Overmars y regresó con el extremo y con Petit.
Pero hay un ejemplo mucho más reciente que levantó muchas suspicacias por cómo se produjo. Se trata del fichaje de Rustu, el portero del Fenerbahçe, que solo estuvo un año en el Barcelona y disputó cuatro partidos. Hay que remontarse al año 2003, momento en el que las elecciones al club azulgrana vaticinaban un gran cambio tras la decisión de Gaspart de no continuar en el sillón presidencial. Joan Laporta y Lluís Bassat eran los favoritos ante Enric Reyna, Martínez Rovira, Josep Maria Minguella y Jordi Majó. La jugada maestra de Laporta llegó cuando aseguró tener atado a David Beckham, algo que ni el futbolista ni sus agentes desmintieron. El joven abogado demostraba su capacidad para negociar y se metía a la masa social en el bolsillo. Ganó las elecciones pero Beckham se fue al Madrid y el que llegó fue Rustu, que curiosamente compartía los mismos agentes que el atacante inglés. Bassat haría pública sus sospechas sobre esta maniobra en uno de los debates electorales, asegurando que Rustu podría formar parte de una «terna» de jugadores que Laporta debería adquirir para hacerse con Beckham. No pudo probarse nada pero lo cierto es que los agentes de Beckham y Rusto permitieron que se especulara con los nombres de sus representados, lo qu ese entiende como el precio a pagar por la llegada del meta turco.