Las millennials recuperan el broche
Gucci ha desplegado una gran colección de ejemplares de lazo, de medallón y de corte barroco esta temporada; Chaumet, Bulgari y Vuitton han ampliado su oferta de broches a la venta; «Net-a-Porter» aumenta drásticamente su selección online y la casa británica que se ha encargado desde 1735 de las joyas de la familia Windsor, The House of Garrard, ha declarado que sus ventas de broches han subido un 250% en 2018, reflejando un verdadero furor entre sus clientas más jóvenes. Y es que desde que el minimalismo reciente parece haber fenecido, hay una respuesta común para todas las necesidades: el tantas décadas olvidado broche, accesorio estrella del momento.
Pero el broche se creó allá por la Edad de Bronce, aunque entonces se trataba de una pieza que funcionaba a modo de imperdible para sujetar los ropajes. En la Grecia antigua y durante el Imperio Romano, el broche se convirtió en una pieza que cambiaba con las modas, y en indicador de la clase social y los avances técnicos en cuanto a materiales, tomando el nombre de fíbula y diseñándose para personalizar el atuendo de su portador.
Esmaltados
Celtas y vikingos llevaban broches a diario, tanto ellas como ellos, y en la Tierra de Barros, en Extremadura, se han encontrado broches de oro esmaltado de la época visigoda con motivos religiosos, florales y animales. Durante todo el Medievo proliferaron los broches en forma de cruz y, a partir del siglo XVIII y la época victoriana, se pusieron de moda los modelos dobles que guardaban en el interior un retrato y un bucle de su cabello, a menudo encargados por duelo. También se pusieron de moda los broches con lazo y los camafeos. El broche dejaba de usarse únicamente para anudar un pañuelo y comenzaba a tener vida propia.
A comienzos del siglo XX estuvo de moda en su versión mas exuberante hasta la Segunda Guerra Mundial, volviendo a aparecer de nuevo en los años 50. Coco Chanel, con su famoso broche de camelia de tela y su colección de broches de bisutería, puso de moda su versión «económica». Y Liz Taylor lució con garbo las mejores joyas del planeta y los famoso broches de Jean Schlumberger para Tiffany’s. A partir de los años 70, solo la Reina de Inglaterra y - alguna que otra señora mayor de aire clásico- siguió llevando broches antiguos con sus atuendos.
Ahora, quien que no busca broches en Chopard, Boucheron, Van Cleef & Arpels, Verdura o Cartier, los busca en alguna subasta de objetos antiguos o los recupera del joyero de la abuela. Los más fashionistas se dirigen a Gucci, Dolce & Gabbana, Chanel, Isabel Marant, Delfina Delettrez, Christopher Kane o Alexander McQueen y los de presupuesto más ajustado a Uterqüe, Zara o incluso H&M, que vende los broches en packs de 2 y 3 piezas a menos de 9 euros.
La personalización impera en un mundo de moda global, para diferenciar una chaqueta de Zara, añadir un toque excéntrico y chic al atuendo, iluminar un conjunto negro o destacar sobre la solapa izquierda de una chaqueta, si bien los broches se llevan también como collar o tocado en el pelo y son la alternativa a los collares marcados o a los pendientes largos. Versátiles y elegantes, acompañan un vestido de gala, un esmoquin o un abrigo, tanto en una señora de 70 como en una chica de 20. Catalina de Cambridge, Máxima de Holanda, Sofía de Wessex o Uma Thurman, pero también Lily Rose Depp, Beyoncé, Kim Kardashian, Cara Delevingne, Olivia Palermo o Alexa Chung han caído ya en la tentación de llevar broches. Se levanta la veda.