La buena política está al servicio de la paz
Por muy válidas razones, comentaremos en ésta columna semanal que, allá por el 17 de abril de 1982. Dn Fernando Romo creó la Parroquia de Cristo Redentor del Hombre, con sede en la Colonia Carolinas, para atender siete colonias conflictivas del oriente de Torreón. Algunos templos sólo tenían el proyecto de cimentación.
El Obispo se había decidido con una parroquia a la intemperie argumentando que había una aceptable labor pastoral por los grupos bíblicos, catequéticos y coros de jóvenes.
Las misas dominicales y entre semana se celebraban muy temprano o en la noche, para escapar del sol lagunero. La oficina parroquial se estableció en casa de renta en la Col. Moctezuma, contando con el contento de la gente que alababa la confianza de su Obispo.
Pronto se hizo sentir la violencia pandilleril con asesinatos de jóvenes, que en general ni pisaban cárcel por la protección de líderes políticos de barrio.
La recién parroquia con sus grupos, reaccionó, y el Párroco anunció con tiempo que si no paraba la violencia pandilleril, se suprimirían al fin del año las fiestas guadalupanas, navideñas y de fin de año.
Los colonos reaccionaron llevando el asunto a sus asambleas políticas y ahí descubrieron que sólo el Obispo podría darle otro viraje al problema. Al acudir en comisiones al Obispo, éste señaló que no estaba enterado, pero de ser cierto, él apoyaba a los grupos parroquiales y a su párroco.
Con lo anterior, entendieron los colonos que no había alternativa más que suspender la violencia. Tomaron decisiones para cesar la violencia, a veces con la rabia contenida que limitaba las ganas del desquite y la revancha.
Por lo pronto se comenzaron a organizar en danzas y por comisiones, acudieron a la parroquia de Guadalupe para inscribirse en alguna peregrinación de diciembre. Al ritmo de las danzas –muchas por cierto- se construyó un ambiente de paz. Se llegó el día en el que los colonos desafiaron “a la ley”, o sea, a la policía, y peregrinaron por el centro de la ciudad.
El Obispo decidió dar gracias al Dios de la paz, con una celebración el día 1º., de Enero y les prometió que por la misma fecha, regresaría al siguiente año. Después, año tras año.
Dn Luis Morales Reyes, le dio más contenido señalándolo como “Acto diocesano de la Paz”. También así fue con Dn. José Guadalupe y el cuarto Obispo, Dn. Luis Martín ya comenzó bien. Sobran razones pastorales para que no nos falte “El acto diocesano por la paz”, del primero de enero.