Muy mal cuerpo
Creo que existen millones y millones de mujeres y hombres españoles con una ficha personal similar a la que acabo de describir, cada uno desde su tierra y costumbres. Y estoy convencido -seguro- de que están sintiendo lo mismo que yo siento cuando escribo a estas horas de la noche: una sensación difusa, entre rabia y humillación, al ver a un presidente de España, un tipo que ni siquiera ha ganado las elecciones (de hecho fue vapuleado) arrastrándose ante el líder de la insurrección separatista catalana, Quim Torra; concediéndole trato bilateral cuando acaba de amenazar a todos los españoles con un levantamiento violento; lisonjeándolo cuando se ha pavoneado de no respetar nuestra ley ni justicia y anima a sus vándalos a «apretar». Un presidente de España iracundo con Casado y Rivera, pero que escucha con respeto y reverencia a quien porta en su solapa el lazo amarillo de apología de los golpistas antiespañoles. Un presidente que otorga prebendas que no conocemos -y que agravian a otras regiones- para que el líder separatista le vise los presupuestos y poder ocupar unos meses más La Moncloa sin pasar por las urnas.
Las imágenes de ayer, esa pamplina entreguista ante los mayores enemigos de España, no le saldrán gratis a quien ha rubricado la felonía. Se enfatiza mucho que el separatismo «es un sentimiento que está ahí». Cierto. Pero también está ahí, perfectamente pisoteado por Sánchez y el PSOE, el sentimiento de millones de españoles, incluidos muchísimos catalanes, saturadísimos de soportar ofensas gratuitas, que nada arreglan y todo envilecen.