«Calígula», lo humano en su dimensión totalitaria
Mario Gas crea, de esta manera, un montaje perturbador como el reflejo de una daga, de enorme potencia visual y de indudable carga filosófica. Y acierta, para el espectador de hoy, en limpiarlo de ese tono de púlpito existencialista en que otros directores han caído, incorporando incluso guiños a la cultura pop (Calígula convertido en David Bowie). Gas monta una obra febril donde la fiebre interpretativa de Pablo Derqui, en el papel de Calígula, derrocha la saliva de lo apasionado, las venas de esa crisis de la personalidad, la mirada del terror y de la enajenación. Cuarenta grados en el termómetro de una interpretación que sobrecoge por su calidad y por su verdad. Junto a él, la elegancia gestual de Mónica López, haciendo una Cesonia de muy alta factura, acertando a interpretar a esa mujer donde se combinan la perversión, la complicidad y el amor.
Mario Gas acierta también en darnos esa dimensión de títeres que tienen algunos personajes menores. Sin embargo, echamos en falta el humor delirante y sombrío con el que Camus resuelve el absurdo. La risa de Calígula no enseña sus dientes de guadaña, ni sus ojeras de insomne, y eso que nuestro emperador creía que el humor era una forma más de asesinato.
Para este baño de sangre, el vestuario es de gran gala, como si la sinrazón existencial y el crimen necesitaran cogernos vestidos de fiesta. Una ironía en un discurso lleno de ironías.
Calígula busca en el rostro de los muertos las palabras de lo imposible. Mario Gas busca mostrar en el lunático Calígula la complejidad del alma humana, los abismos de nuestro malestar, los peligros de practicar cualquier poder cuando se vuelve enajenado e inhumano. Todavía en nuestra historia reciente se reconoce al emperador gritar: «Aún estoy vivo».
«Calígula» (****)
Texto: Albert Camus. Dirección y dramaturgia: Mario Gas. Escenografía: Paco Azorín. Vestuario: Antonio Belart. Música: Orestes Gas. Intérpretes: Pablo Derqui, Mónica López, Borja Espinosa, Bernat Quintana, David Vert, Pep Ferrer, Pep Molina, Anabel Moreno y Ricardo Moya. Madrid, Teatro María Guerrero.