Yo perdí más
Y esto suponiendo que realmente hayan perdido ocho kilos, y que realmente se hayan puesto a dieta, porque con la cantidad de trampas y mentiras con que están acostumbrados a intentar chantajearnos, no sería extraño que una vez más nos hubieran engañado. En cualquier caso hemos asistido a otra de sus monumentales estafas: ni han conseguido lo que pretendían ni han pagado el precio de morir de inanición. No ha sido una huelga de hambre. No lo fue desde el principio, porque a las dos horas de haberla anunciado admitieron -asegurando que no querían emular a Bobby Sands- que todo aquello era un fraude. Otro concepto noble que ha sido banalizado por los independentistas en su insólita capacidad por arrasar con el prestigio de todo lo honorable.
La dieta ha sido una burla a tantos hombres que dieron su última medida de honor por aquello en lo que creyeron. Equivocados o no, tuvieron la valentía y la dignidad de pagar el precio con su vida. Estos días de ayuno y purga de los charlatanes de Lledoners, siniestros vendedores de pócimas milagreras, minuciosamente explican por qué la independencia es imposible mientras Cataluña tenga estos dirigentes: porque no están dispuestos a arriesgar nada, porque juegan siempre de farol y porque de verdad creen que el Gobierno y la Unión Europea serán tan estúpidos de creerse sus tontísimas mentiras.
Nadie en Europa se ha inmutado, nadie en Cataluña ha dejado de hincharse a bogavante y turrones en las cenas de empresa de estas fechas, ni nadie les ha tomado en serio salvo el ejército de fanáticos narcotizados por la falsa promesa de algo que no existe, y que si existiera, sus líderes serían los primeros que correrían a aniquilarlo, para no tener que hacer el esfuerzo de conseguirlo. Es lo que hicieron con el 9 de noviembre de 2014, con el 1 de octubre del año pasado y con la siguiente y tristísima declaración de independencia.
A la espera de que filtren sus fotografías detox, y de que tengamos que ampliarlas para ver la diferencia, esta pantomima ha sido una de las mayores humillaciones que se ha infligido el independentismo a sí mismo: no es extraño que estén tan frustrados que necesiten cortar carreteras y quemar contenedores. De hecho, no se ponen pasamontañas por ocultarse, sino por la vergüenza.
La próxima vez que queráis hacer dieta no hace falta que insultéis ni la memoria ni la inteligencia de nadie: basta con que visitéis a la doctora Carmen Torrejón, que os ayudará a adelgazar más y mejor. La próxima vez que declaréis la independencia, estad dispuestos a morir por ella, como hacen los verdaderos héroes, porque si os volvéis a entregar como unos cobardes, os volveremos a detener y no volveréis a ver la luz del sol.