Rufi en la frontera
Rufián era un sindicalista sin pena ni gloria, que a través de Súmate (organización de independentistas castellanoparlantes) más o menos se metió en política. Digo «más o menos» porque en parte le metieron. Oriol Junqueras y su mano derecha, Sergi Sol, vieron en «Rufi» un ariete para pelear la frontera electoral con Podemos. Si Junqueras y Rovira reivindicaban la Cataluña catalana y apelaban al votante nacionalista/ independentista de toda la vida, Rufián le funciona a Esquerra estupendamente para interpelar al votante más izquierdista, más obrerista, al que invita a canalizar su frustración y su impotencia a través del populismo independentista en lugar del populismo más de Podemos. Cuando Junqueras habla de «ensanchar la base social del independentismo» se refiere exactamente a lo que Rufián representa.
A pesar de que en las elecciones al Parlament del pasado mes de diciembre Convergència volvió a derrotar a Esquerra, los resultados de los republicanos en algunas poblaciones del cinturón rojo, feudos históricos del PSC o de los comunistas, fueron extraordinarios, logrando ser la segunda fuerza en muchos de ellos.
Ésta es la misión de Rufián, y su éxito. Su aspecto, su vocabulario y su puesta en escena no son impostados, y en cierto modo él es así, pero sabe muy bien lo que hace, sabe muy bien lo que quiere, y sabe todavía mejor cómo conseguirlo. Ahí están sus prodigiosos resultados.
Escenas como la de esta mañana en el Congreso, a él le salen gratis, y de cara al tipo de votantes al que tiene la misión de seducir, comparece como uno de ellos con la valentía de decir lo que nadie más se atreve a decir. ¿Teatro? Puro teatro. Pero con la sala llena de público que ha pagado su entrada.