El entorno virtual para divorciarse sin verse las caras
«El objetivo es facilitar el proceso y que no haya elementos externos, porque la presencia de un abogado siempre endurece las negociaciones. Es un entorno en el que los sentimientos fluyen y mucha gente tiene resistencia a acudir a una bogado cuando estás en crisis», explica Carmen Cabalga, cofundadora de la aplicación. Así, Iurisfy permite a las parejas dar el primer paso -incluso el último- sin ni siquiera verse las caras.
Uno de los cónyuges inicia el divorcio, rellena la primera pantalla de cinco y, al instante, le llega un correo electrónico a la otra persona para descargarse la «app» y comenzar la negociación. Pese a todo, Cabalga destaca que esto no quiere decir que la ruptura acabe en divorcio o que no se vaya a requerir la presencia de abogados, los cuales siempre son necesarios más adelante.
Una vez los usuarios van superando cada una de las cinco pantallas, al final del proceso Iurisfy pone a su disposición a su equipo legal para tramitar el convenio de divorcio, el cual, en este caso, incorpora la solución pionera de firmarlo digitalmente para no tener que pasar el trago de verse en persona. Aun así, no siempre se llega hasta el final: en mitad de la negociación cualquiera de las dos personas puede optar por no continuar y romper el proceso.
Cabalga, la cofundadora, detalla que la dinámica de Iurisfy se basa en un sistema de «propuesta y contrapropuesta hasta que llegues a un acuerdo», pero que la aplicación no deja de ser la primera toma de contacto para analizar la situación y comenzar a negociar. Pasos previos a que entren los abogados.
Por ello, al tratarse de un comienzo, la «app» no cobra a los clientes por ponerles en contacto en un entorno favorable. Únicamente la empresa recibirá remuneración en caso de que, tras la quinta pantalla, los usuarios decidan formalizar el convenio de divorcio mediante los abogados de Iurisfy, que ofrece el servicio final por menos de 400 euros entre letrado y procurador. Además, la aplicación tiene la opción premium, es decir, con asesoría legal desde el primer momento, pero ya con coste, para aquellos que no sepan utilizar bien la tecnología o les surjan dudas jurídicas.