Elizabeth Hardwick, cuando cae la noche
Para Elizabeth Hardwick (Kentucky, 1916; Nueva York, 2007), esos textos debían ser más ambiciosos: «Eliges escribir porque crees que tienes algo nuevo que decir sobre un tema». Siguiendo esa filosofía, creó con su marido y un par de compinches «The New York Review of Books», la revista en la que desarrolló buena parte de su carrera como articulista.
Autora de dos novelas en 1945 y 1955, su faceta de escritora quedó solapada por la brillantez de su prosa ensayística, y por un marido, el poeta Robert Lowell, que durante 23 años la atormentó con sus continuas infidelidades, sus trastornos mentales y su alcoholismo. Incluso toleró que Lowell, tras separarse, volviera a ella cuando su nuevo matrimonio fracasó.
«Noches insomnes» (Navona), su tercera novela, pilló a todos con el paso cambiado. No se esperaba que Hardwick, con 63 años, regresara a la ficción, y mucho menos con una obra de este calibre: una suerte de ensayo fragmentario en el que noveló su propia vida y el universo literario que construyó su formación intelectual. «El “libro” es una excrecencia que no crece, sino que se adhiere, se pega –escribe en «Noches insomnes»–; un compañero tumoral hecho de las células corruptas del aprendizaje, la experiencia y el pensamiento».
Hardwick publicó «Noches insomnes» en 1979, dos años después de la muerte de Lowell, y supone la liberación creativa de una autora que pensaba sus novelas desde una frase embrionaria, a modo de «big bang». El origen de este libro está en una línea que terminó descartando: «Ahora empezaré mi novela, pero no sé si me llamaré a mí misma “yo” o “ella”». Sí aparece esta otra en el primer párrafo: «Me entregaré a este ejercicio de memoria transformada, distorsionada incluso, y viviré esta vida, la que vivo hoy».
La protagonista de esta obra sin trama también se llama Elizabeth y, como Hardwick, es una lectora impenitente: «Billetes, migraciones, preocupaciones, propiedades, deudas, cambios de nombre y vuelta a cambiar otra vez: y todo esto por haber leído muchos libros». A partir de ahí, Hardwick vuelca con una escritura delicada, en contraste con el estilo machuno de las décadas previas, una serie de recuerdos que llevan a la protagonista de su Kentucky natal a Ámsterdam o Nueva York.
En la ciudad de los «cócteles» narra encuentros y desencuentros: encuentros con los ambientes comunistas y los clubes de jazz, y desencuentros, sobre todo, con una sombra: «Ahora estoy en Nueva York, sola, ya no soy un nosotros. Han pasado años, décadas, incluso. Y entonces quedas fuera del más común de los plurales, de la extraña sociedad que nace como una explanada llana y vacía y que no tarda en convertirse en una ciudad de habitaciones y garajes». No hay mejor lectura cuando cae la noche.
Ficha técnica
Título: «Noches insomnes».
Autor: Elizabeth Hardwick.
Traducción: Marta Alcaraz.
Editorial: Navona, 2018.
Número de páginas: 216.
Precio: 21 euros.