Y todavía se creen al doctor Sánchez...
Ayer por la mañana el presidente declaró que «si no aprobamos los Presupuestos, mi vocación de agotar la legislatura se ve acortada». Gran estruendo. Casi todos entusiasmados: ¡Las elecciones son inminentes! ¡Lo ha dicho el presidente...! O no. Para empezar, la frase será de un doctor, pero es la mejor manifestación del fruto que le dejaron décadas de leyes educativas socialistas: no saber hablar. La vocación por algo, se tiene o no se tiene. Pero no se puede alargar ni acortar. Pero ya se sabe. Eso son minucias para el doctor Sánchez. Detalles académicos; él está por encima de esas pequeñeces.
Yo creo que si Sánchez quisiera anticipar la convocatoria de elecciones generales lo haría mañana mismo. Si lo que anticipan los sondeos mensuales del Centro de Investigaciones Sociológicas -versión Tezanos- se pareciese a la realidad que pretende fotografiar, el presidente del Gobierno ya habría fijado fecha para los comicios. Pero el doctor Sánchez está intentando crearse una imagen de caballo ganador, que según los sociólogos tiende a darte votos. Hay un porcentaje -modesto- del electorado que tiende a apuntarse al probable vencedor, como si ello le permitiese ser partícipe en la victoria. Y quién sabe si con ello no busca algo más también. Tanto reiterar por parte del CIS que el resultado de las elecciones generales va a ser el que no ven otros institutos demoscópicos, tanto cambiar el sistema de trabajo, tanto afán en romper con el sistema de trabajo tradicional, inhabilitando la continuidad de la muestra, sólo puede tener por razón el emplear el CIS como arma arrojadiza. Quizás al día siguiente de unas elecciones generales con resultados legítimamente cuestionados.
Al mismo tiempo, la frase de Sánchez ayer servía para advertir a los partidos que según la vicepresidenta Calvo conforman la mayoría absoluta que gobierna este país que si no le dan el respaldo, pueden enfrentarse a unas elecciones de las que saldrá vaya usted a saber qué escenario. Es una forma de extorsión, aunque en puridad la única verdaderamente legítima de toda la política presente: si no cuento con su apoyo, puedo convocar elecciones. Es un gesto propio de un demócrata impecable. Y por eso es tan inverosímil en Sánchez.