Lo vas a pagar
Y no esperes que se apiaden de ti en Bruselas. Siento decírtelo pero las cuitas que te desvelan, esas justificadas preocupaciones que albergas cuando ves que tus tributos crecen y tus ingresos merman, no son importantes en la perspectiva europea. La UE revisa los números gruesos del Estado, sí, pero sólo para vigilar que cuadren las cuentas. El método por el que cada país lo consiga no le interesa; eso es una cuestión de política interna. Es más: los ajustes impositivos están bien vistos allí porque simplifican el tema, porque son el sistema más fácil de nivelar la aritmética. Y porque todo el mundo sabe que la recaudación más segura, la más estable y cierta, es la que proviene, de un modo o de otro, de tus rentas. Cuando oigas hablar de equilibrio fiscal sin que el gasto decrezca, debes tener la absoluta certidumbre de que te toca sacar la cartera. A ti, que no puedes escapar de la presión de Hacienda, que no tienes pantallas instrumentales, que no puedes hacer ingeniería financiera, que no disfrutas de subvenciones ni te beneficias de prebendas. A ti, que estás pillado por todas partes y no tienes manera, aunque la buscases, de saltarte las reglas. Ni los ricos, ni las multinacionales, ni las grandes empresas, ni otras milongas demagógicas propias del populismo y sus colegas: tú eres el pagano de la fiesta. Tú y los que son como tú, la buena gente machadiana que labora, pasa y sueña. La médula vertebral de la nación: las clases medias.
Es de ti de quien están hablando; de tu limitado patrimonio, de tu insignificante herencia, de tu trabajo. De la póliza de crédito de tu negocio, del combustible de tu furgoneta de reparto, de tu minúscula desgravación, de tus menguantes honorarios, de los veladores de tu bar, del viejo coche que te compraste a plazos. El clientelismo político sale muy caro y sólo hay una forma práctica de pagarlo. Te están buscando.