Alza de tarifas: la raza no manda... pero sí paga
Los empresarios y permisionarios del transporte que menos invierten en tener unidades suficientes para evitar las vergonzosas filas en las paradas camioneras son los que más gritan y chillan para exigir aumento de tarifas.
Son los caciques acostumbrados no a tener una empresa de servicio, sino a expoliar las concesiones a costa de los usuarios, quienes están obligados no solo a pagar por un transporte caro e ineficiente, sino también con poca frecuencia de paso, lo que genera pérdidas incalculables de horas-hombre.
Problema añejo que no ha podido resolver ningún gobierno, ni del PRI, ni del PAN, ni éste que se presume independiente, pero que sigue como rehén de las mismas plagas de camioneros caciques e irresponsables.
Todos los gobiernos, y éste no es la excepción, se doblan ante los transportistas, ya por conveniencia política, ya por corrupción de la Agencia del Transporte, ya por incapacidad e ineficiencia o inclusive por todas ellas juntas.
La guerra del Gobierno del Estado entablada contra el líder estatal de la CTM, Ismael Flores, al quitarle el control de muchas rutas camioneras para menguarle su poder político y su representatividad sindical en el gremio transportista tuvo su precio.
El incremento de tarifas es el pago de la factura a los empresarios y permisionarios que decidieron romper con su afiliación cetemista de años para sumarse a la filas de los consorcios independientes, el nuevo cacicazgo camionero operado por la Agencia del Transporte que dirige Jorge Longoria.
La mejor prueba es que Longoria votó a favor del alza tarifaria y, como autoridad, poco o nada les exigirá como contraprestación a los transportistas, salvo simular que vigila el buen estado de las unidades para que los pasajeros no protesten.
Y a los usuarios del Metro tampoco les darán nada a cambio del aumento, porque si bien les va, los vagones para la Línea 3 llegarán hasta el 2021, y falta que sean de segunda mano.
Mientras tanto, el gobernador Jaime Rodríguez trata de aparecer lo menos posible en público, ante el temor de ser abucheado por la raza que paga, ésa que ya se dio cuenta... que no manda.
javier.sepulveda@milenio.com