La urraca, el vuelo libre de un ave triste e inteligente
Junto con la orca, el pingüino y el oso panda, ha sido usada como evidencia de que, en contra de lo que suele decirse, hay cosas que sí son blancas y negras. Pero la urraca no es sólo blanca y negra, y su lomo se ilumina de un maravilloso azul ultramar cuando recibe la luz, un tono que a veces puede transformarse en verde viridiana. La urraca, la gazza ladra de una famosa ópera de Rossini y también de una famosa aventura de Tintín (Las joyas de la Castafiore), se siente atraída por las joyas, que roba y atesora en sus grandes nidos. Tiene un canto que no es un canto y que suena como una carraca, una palabra que, a pesar del parecido fonético, nada tiene que ver con las urracas.
Siempre me han fascinado. Me parecen un ave triste. Madrid está llena de ellas. Recuerdo a Kafka y su fascinación con los grajos, ya que «grajo» en checo se dice kavka, y me digo que si el grajo es el pájaro de Kafka, entonces la urraca es mi pájaro. Un posible nombre latino, gracula, origen de la palabra «graja», la hermana, aunque su designación general en latín es «pica», de donde vienen «pega», «picaza» y «picaraza». Es triste, pero vuela en libertad. Es blanca y negra, pero posee el azul más hermoso. Le atraen las cosas que brillan. Se ve a sí misma en los espejos. Tenemos muchas cosas en común.