Se les notan las costuras
Lejos de lo que podría pensarse, ese error no se debe a la inexperiencia; en el rupturismo gallego no solo hay jóvenes novatos sino también veteranos políticos que llevan toda la vida en esto y que si se resisten a que En Marea sea algo estable es porque nunca han creído en ella. La confluencia ha sido simplemente una tabla de salvación que les ha permitido acceder a lugares a los que solos jamás se habrían ni acercado. El partido instrumental puede interesarle a Anova o a Cerna, pero nunca a IU o a Podemos, que se arriman al nacionalismo periférico solo por el interés. Si viesen la oportunidad de ir solitos a las elecciones y tener éxito no les volvían a ver el pelo por las asambleas mareísticas.
Y por cierto, la nueva política de formaciones multicolores están trayendo una práctica dudosamente ética. Si uno forma parte de un club tiene que asumir tanto lo bueno como lo malo. A cualquier cargo de PP, PSOE o BNG se le echan en cara los pecados del último militante del pueblo más pequeño, a los de las Mareas, sin embargo, al ser su grupo tan volátil y heterogéneo no. Si Colau o Carmena aciertan presumen —son de los nuestros— si fallan no tienen nada que ver con ellos. ¿Ridículo? Sin duda, pero inicialmente les coló, ahora parece que la cosa está cambiando porque cada vez se les notan más las costuras.