Oviedo - Real Madrid (0-3): Xabi se acerca a su idea
Se acerca el Real Madrid a lo que quiere Xabi Alonso, pero no se acerca el suficiente tiempo. En Oviedo, en un partido con sabor a clásico, a fútbol de otro tiempo, el equipo de Xabi Alonso hizo una primera parte muy buena en el dominio de la situación, la presión y movimiento, pero en la segunda bajó varios escalones, se partió algo más, perdió ímpetu a la hora de presionar y se complicó un poco más la vida. Cuando peor lo vio, después del mejor remate del Oviedo al poste en la segunda mitad, Mbappé, de pase de Vinicius hizo el segundo y cerró el partido.
Mbappé solucionó el choque después de haberlo puesto de cara en el primer tiempo. Ha marcado tres de los cuatro tantos del Real Madrid en lo que llevamos de LaLiga. Es el hombre de Xabi Alonso en la delantero, como dejó claro el entrenador en Oviedo. Porque Vinicius se cayó del once, Rodrygo fue sustituido después por Vini y cuando sacó al campo a Gonzalo, a quien retiró fue a Güler. Mbappé se quedó: su segundo tanto dio la razón a Xabi.
Ese gol, por cierto, nació de una presión de Vinicius, que robó, llegó hasta el área conduciendo y se la puso al francés. Lo celebraron juntos, porque Mbappé fue corriendo hacia Vini y le tapó la boca cuando el brasileño decía algo que no debía a no se sabe bien qué. Estaba encendido: había sido suplente y al poco de salir al campo, vio la amarilla porque, según el colegiado, se había dejado caer en el área en un choque con un rival. Acabó mucho más tranquilo, con el gol al final del partido. Hay mucha curiosidad en saber cómo va a reaccionar el brasileño ahora que Xabi Alonso le ha dejado caer que no es el imprescindible
El caso es que Xabi Alonso hizo rotaciones (jugaron también de titulares Carvajal, Rüdiger y Mastantuono), pero en el caso de Vinicius, hasta ahora intocable en la banda izquierda, sonó a toque de atención para él y un reto para Rodrygo. Éste, según algunas informaciones, ha pedido jugar en la izquierda y así comenzó el encuentro. Empieza la última semana del mercado, se acaban las oportunidades de salir y con eso, Rodrygo hizo una muy buena primera parte, a la altura del Real Madrid. Pidió la pelota y casi siempre escogió correctamente lo que tenía que hacer: regatear o buscar el pase.
El Madrid se volcó por ese lado, pese a que por el otro, Mastantuono exhibía su movilidad y que el campo se le queda pequeño. Fue por la izquierda por donde más intentó entrar el Real Madrid, que en la primera parte tuvo la pelota todo el rato. El Oviedo llegó al área blanca nada más sacar del campo, en una jugada ensayada que pidió algo despistado al Madrid. No a Courtois, que salió rápido y que se pasó silbando el resto de los minutos de esa parte.
Porque el equipo blanco (negro en los pantalones) dio una versión muy cercana a lo que quiere su entrenador: intenso, con la defensa muy adelantada y muy activo para robar. Y aunque le costó hacer oportunidades, estuvo más vivo en ataque, con más movimiento. Juega más arriba porque se fía mucho de lo que hay atrás. Porque Huijsen es un futbolista asombroso: gana duelos, reparte juego y manda con una jerarquía que no corresponde a su edad ni a que lleva dos días en el Real Madrid.
Tchouameni lleva más, pero es ahora cuando los madridistas están viendo el valor del futbolista francés, que se siente importante, está más arropado y se ha convertido en el futbolista que llega a todos los balones. Por eso el equipo de Xabi dominó casi al ciento por ciento el primer tiempo. Se quedó corto en goles, al contrario que en la segunda parte. Antes del descanso, sólo Mbappé, a pase de Güler, marcó tras un fenomenal control y una media vuelta. Le falta al equipo afinarse un poco más arriba y Xabi tendría su obra.
Los goles son un problema. El otro es que no hay continuidad. Como le sucedió contra Osasuna, la segunda parte del Real Madrid fue un leve cuesta abajo. El Oviedo tiró de orgullo y de necesidad y se vio un partido distinto, más igualado y con el equipo local con más opciones de hacer daño.
Sin pretemporada, al Real Madrid se le notaba mucho más cansado en la recuperación del balón y eso hacía que el Oviedo, por fin, pudiese jugar en campo contrario. Tampoco hay que exagerar: menos el remate al palo, no pasó excesivo peligro el Madrid, pero sí que se le vio menos mandón, más atrás y con más dudas.
La salida de Vinicius lo cambió todo. Rápido y atento al corte, protagonizó los dos goles que cerraron el partido y dieron paso a Cazorla, en lo que tiene pinta de que va a ser una temporada de despedida triunfal contra todos los grandes del fútbol español.