ARCO: las orgías de Merkel, Von der Leyen y Clinton se cuelan en la guerra del IVA
La búsqueda en ARCO es siempre, o casi siempre, la misma: La Obra, un objeto llamativo, reivindicativo y/o, por supuesto, polémico. Normalmente, el trasfondo de dicha pieza, la más cotizada mediáticamente de la feria, es político. «Todo es política», dirán algunos, pero en este caso, en el de ARCO, hablamos de políticos como tal. Mínimo, siempre hay un señalado. Y siguiendo esta línea, 2026 no iba a ser menos; en esta ocasión, el foco es para ellas: Hillary Clinton, Kamala Harris, Ursula Von der Leyen, Angela Merkel, Jacinda Ardern, Sanna Marin, Roselyne Barchelot, Margaret Thatcher, Claudia Sheinbaum... Todas mujeres poderosas. Y que no abrieron la boca cuando la afgana Kubra Khademi les mandó un S.O.S. La misma artista que tras realizar una «performance» («Armor», 2015) tuvo que refugiarse en Francia: la rodearon, la amenazaron y no le quedó otra que huir. Así, seis años más tarde, con la caída de Kabul a manos de los talibanes, Khademi escribió una carta que pasó inadvertida: «Nadie la leyó, nadie la publicó, nadie la contestó. Me sentí completamente sola», confesaba ayer a este diario en ARCO.
«Pero soy artista y lo imposible no existe para mí. La gente no me leería, aunque sí vería lo que quise decir». Así surgió una pieza que ahora se expone en el pabellón 7 de Ifema y que llama la atención por las orgías en las que la artista ha involucrado a las diferentes lideresas mundiales y en las que ella misma se ha dibujado. Una docena de mujeres que, primero, retrata a tamaño real de pie, en silencio y siempre desnudas: «Las mujeres debemos levantarnos para reivindicar nuestros derechos»; para después trasladarlas a un par de escenas bíblicas e incluso hasta el mítico cuadro de «La libertad guiando al pueblo», de Delacroix; y, por último, llega la acción, llegan besos, tocamientos y demás prácticas sexuales: «Pinto un mundo distópico en el que reina el amor. No necesitamos hombres para dirigir un mundo que ya han destruido. Venimos del odio y aquí se representa la celebración del amor y del cuerpo de la mujer», defiende Khademi.
Distancia con el cine
Es la de la artista afgana una de las obras más llamativas dentro de una cita que no se muestra especialmente reivindicativa respecto a temas como Palestina o la Guerra Civil (a diferencia de la pasada gala de los Goya) y que vive con «incertidumbre» –confiesan los diferentes galeristas– los bombardeos en el Golfo Pérsico. En el caso concreto de Khademi, su galería, Eric Mouchet (Francia), asegura que su caso «es diferente porque es una mujer con una historia muy interesante. Resulta abrumadora y es ella la que cambia la historia por darle el poder a las mujeres. Creemos que es más fácil de vender que otras personas», explica el responsable de unos cuadros que van desde los 13.000 a los 20.000 euros. «Sin impuestos», puntualiza.
Y es que ahí se encuentra la otra gran guerra de este año en ARCO: el IVA cultural. Unas tasas que los galeristas claman por bajar del 21% e igualarlo al 5-7% del resto de países de nuestro entorno (Portugal, Francia, Italia, Alemania...). Y una vieja reivindicación que Alberto de Juan (director de la galería Max Estrella) se muestra «convencido» de que se va a conseguir, aunque lamenta «la oportunidad tan enorme» de no haberlo hecho antes de la celebración de esta feria: «Es el momento en el que España se pone en el foco a nivel artístico. Pero aquí se penaliza la compra de obras de arte», confiesa el responsable de una galería cuyo 70% de la facturación proviene de fuera de España.
Un tema que, desde la galería Leandro Navarro, aseguran que van a seguir luchando (se ha convocado una concentración hoy a las puertas del pabellón 7 de Ifema a las 12:45 horas): «Necesitamos poder ser competitivos a nivel europeo. Espero que los políticos tomen decisiones ya y nos podamos adaptar al mercado internacional porque va a venir mucho coleccionismo internacional y no puede ser que el mismo cuadro te cueste aquí mucho más caro que en Francia», confiesa Inés Navarro frente a una de las joyas de esta muestra: un Juan Gris de 4,2 millones de euros («La grappe de raisin», 1917).
También Guillermo de Osma saca «las garras», asegura entre risas, al escuchar hablar del IVA. Para el galerista, la sensación que tiene es la de «ser marginal, estar despreciado». «Si hoy tenemos El Prado es porque hubo grandes coleccionistas que acabaron haciendo el mejor museo del mundo. Ojalá seamos capaces de seguir haciendo esas cosas. Y, sinceramente, no alinearte con tus vecinos no tiene una explicación racional. No sé si piensan recaudar una barbaridad con lo que nosotros vendemos, pero el mercado del arte es una cosa muy pequeña dentro del PIB del país. Vendo un Maruja Mallo o un Rafael Canogar y estoy vendiendo cultura. Los artistas españoles lo están pasando mal y tenemos un mercado mucho más pequeño del que debería existir. Esto ya no es algo de ricos o caprichosos; creer que es así es una tontería», confiesa el galerista en la línea de otros, como José de la Mano, que rescata en este ARCO dos dibujos de Hildegart (la «virgen roja») muerta y que también alza la voz contra ese desamparo. De esta forma, afirma que «para la izquierda parece que estamos vendiendo objetos de lujo y para la derecha somos izquierda; con lo cual, nunca encontramos nuestro hueco».
Un vacío difícil de llenar
Son todos ellos viejos conocidos de una feria que hoy añora a clásicas de estas lides: la notable falta de Helga de Alvear, fallecida hace un año y galería homónima que recientemente anunciaba su cierre, se suma a la de Juana de Aizpuru. Igualmente, destacan las ausencias de las también fallecidas Marian Goodman, el 22 de enero, y Magda Belloti, el 12 de febrero. Un relevo generacional en el galerismo ante el que Maribel López, directora de ARCO, apuntaba esta semana a EP que hay galerías con trayectorias de quince o treinta años que «están perfectamente preparadas. Hay un relevo. Como feria, estoy muy tranquila de la salud de la escena artística y galerística de España».
Así, el otro tema candente de la cita madrileña es cómo repercutirá el estallido de la guerra en Irán en la venta de artículos de esta feria. Con el recuerdo en la cabeza del inicio de la invasión rusa de Ucrania, De Osma afirma que las opciones son dos: «Entender el arte como algo maravilloso con lo que vivir o retraerse en la compra». Por su parte, Inés Navarro sí muestra su preocupación: «Con Ucrania la feria fue un poco complicada. Y desde luego ahora estamos expectantes. La situación actual es muy desconcertante, pero esperamos que pueda funcionar bien».
Y si hay un objeto que esté en el centro de este nuevo conflicto es el barril de petróleo. Un objeto que Eugenio Merino, siempre presente en la cita, ha llevado hasta Ifema. Pocos artistas dan tanta gasolina a ARCO como él y esta vez, cuando su mensaje quizá no era el más llamativo de su corpus, la coincidencia es plena, «aunque su pieza lleva pensada desde mucho antes», advierte Andrés Pérez, de ADN Galería. «Barril de derechos» habla de todos esos barriles de crudo que rigen el mundo, explica. «Hace años que nos dijeron que se iba a terminar el petróleo, pero seguimos matándonos por él. Ya no hablamos solamente de derecho internacional, sino de derechos humanos, que son los que se están violando constantemente». Además, en esa misma línea reivindicativa, Pérez destaca dos piezas de un joven lisboeta, Fábio Colaço, en las que apunta al «castillo de naipes» de las sociedades occidentales, «a punto de colapsar», y un cuchillo que se apoya sobre un diamante, que habla sobre «esa espada de Damocles que existe sobre todo lo bello».
Y también el barril de petróleo está en el centro de otro artista de ARCO, Alessandro Balteo-Yazbeck, quien en «Último barril de petróleo» se imagina las consecuencias del final «de una cultura global basada en este hidrocarburo», defiende de una pieza que lleva presentando desde los años 90. «Y nunca pasa de moda», apunta. ¿Se superará en esta nueva crisis el récord absoluto del precio del barril de petróleo (y, por tanto, de una obra que fluctúa con este): 166,32 dólares?