Un estudio confirma el terremoto de la crucifixión y se hace viral ¡15 años después!
«Y he aquí que la tierra tembló, y las rocas se partieron…». Así describe el Evangelio de San Mateo uno de los momentos más intensos del relato de su crucifixión. Este pasaje, en Mateo 27:50-52 y versículos siguientes, se ha interpretado en un sentido espiritual más que como un registro histórico-científico. Sin embargo, un conjunto de estudios geológicos sobre sedimentos en la región del Mar Muerto ha reavivado el debate en las redes: ¿podría existir evidencia física de un terremoto en tiempos de Jesús que coincida con la narración del Evangelio? Puede que sí.
La noticia tiene una variante que retrata nuestro tiempo, y es que si las informaciones no pasan por las redes es que no existen. El estudio se publicó en 2011. X (entonces Twitter), no tenía la fuerza de ahora e Instagram acababa de nacer. Estos días se ha viralizado este asunto como si fuera de ayer mismo. Ha entrado en la conversación global unas conclusiones de hace quince años. Un acaloradísimo debate, como todos los que unen religión y ciencia. Para unos, se trata de una confirmación de la veracidad de la Biblia y, para otros, una forma de analizar el pasado.
Vayamos al estudio resucitado si gustan. La región alrededor del Mar Muerto y de su falla de transformación (donde dos placas se deslizan lateralmente una junto a la otra), es una zona tectónicamente activa. El estudio del que hablamos, publicado en la «International Geology Review», analizó muestras cerca de Ein Gedi, a 40 kilómetros del área asociada con la crucifixión y la vida de Jesús.
Esos sedimentos registran perturbaciones características de temblores de tierra. Al estudiar las deformaciones, los autores, liderados por Jefferson B. Williams, identificaron al menos dos grandes eventos sísmicos: uno alrededor del año 31 antes de Cristo y otro dentro del intervalo aproximado de 26 a 36 de nuestra era: el rango de años en que se sitúa la actividad de Poncio Pilato y, según la cronología más aceptada, la crucifixión de Jesús. ¿Cómo es posible que la ciencia detecte un terremoto tan antiguo? La respuesta está en la geología histórica y en el análisis de sedimentos laminados. Cuando el fondo de un lago o un mar es «testigo físico» de un sismo, las capas de sedimento pueden plegarse, romperse o presentar estructuras que quedan preservadas como un «fósil geológico» del movimiento. Mediante técnicas como la datación por radiocarbono es posible estimar la antigüedad de esas perturbaciones con un margen de error razonable.
Es importante entender que esto no representa una prueba irrefutable de que el terremoto narrado en el Evangelio de Mateo haya ocurrido exactamente como se describe o en el momento preciso de la crucifixión. La evidencia es compatible, pero no concluyente. «Entre los posibles candidatos –explica el estudio– se encuentran el terremoto del que habla el Evangelio de Mateo y uno ocurrido décadas antes, más fuerte que el primero y probablemente el que recordaban los contemporáneos