Hizbulá arrastra a Líbano a otra guerra con Israel
Era el gran temor en Líbano desde que en la mañana del pasado sábado las fuerzas israelíes y estadounidenses comenzaran su ofensiva contra la República Islámica de Irán, ahora convertida en una guerra regional. Menos de dos días después del inicio de la operación aliada en suelo iraní, la más ilustre de las fuerzas paramilitares dirigidas desde Teherán, Hizbulá, un Estado dentro del Estado durante décadas, entraba en liza con el lanzamiento de cohetes hacia suelo israelí desde suelo libanés.
Si durante más de 15 meses, los transcurridos desde la tregua alcanzada con Israel a finales de noviembre de 2024, Hizbulá había evitado responder a las fuerzas israelíes, que durante todo este tiempo han llevado a cabo ataques regulares contra los feudos de la organización chií, los hombres dirigidos por Naim Qassem han despejado cualquier duda, si es que alguna vez hubiera existido, sobre cuál es su única lealtad: Irán.
Sin embargo, la audacia -o temeridad- de un ataque contra territorio israelí en el peor momento de sus más de cuatro décadas de historia, en medio de un proceso de retirada del sur del país y de desarme, menguada por año y medio de ataques israelíes continuados, puede precipitar el principio del fin de la organización proiraní. Una de las grandes preguntas en estos momentos es si el lanzamiento de cohetes Katyusha y drones hacia la ciudad de Haifa se produjo desde el sur o desde el norte del río Litani. El matiz importa, porque las fuerzas regulares libanesas aseguran desde hace meses tener el control casi total de la seguridad en las demarcaciones fronterizas. Fuentes militares israelíes situaban el origen del ataque en Naqoura, al sur del citado curso fluvial; las del Ejército libanés lo ubicaban por encima del Litani.
Como era previsible, no tardaron las Fuerzas de Defensa de Israel en responder. El jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, Eyal Zamir, confirmaba que sus fuerzas habían lanzado “una campaña ofensiva” y avisaba de que las tropas israelíes “no están a la defensiva, sino que van a la ofensiva”. “Necesitamos prepararnos para varios días de combate, muchos”, admitía. Al cierre de esta edición, la campaña israelí en el sur y el este del Líbano y el suburbio chií de Beirut, el Dahiyeh, dejaban un balance de 52 muertos y más de 150 heridos. Dos de ellos son el jefe del cuartel general de inteligencia de Hizbulá, Hussein Meklad, asesinado en el sur de Beirut y el líder de Yihad Islámica Palestina en Líbano, Adham Adnan al-Othman, también eliminado en el Dahiyeh de la capital.
Horas más tarde, las autoridades militares libanesas revelaban en un comunicado haber efectuado “una oleada de bombardeos” contra la Asociación Al Qard al Hasan, que Tel Aviv acusa de financiar a Hizbulá. La entidad “ha operado durante años como una institución financiera civil en el Líbano” recaudando “fondos civiles para apoyar la actividad terrorista”.
Por su parte, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, aseguraba en un mensaje difundido en X que el actual secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, “se enterará de que quien sigue los pasos de Jamenei acaba como Jamenei, en lo más profundo del infierno”. La advertencia de Katz no puede ser tomada como baladí, pues las fuerzas israelíes ya acabaron con la vida del antecesor al frente del movimiento chií el 27 de septiembre de 2024 en su escondite beirutí.
Así las cosas, la virulencia de la respuesta israelí a la organización chií anticipa la posibilidad de una invasión terrestre del sur del Líbano, una posibilidad evocada por fuentes militares israelíes a medios de su país. Durante la mañana de ayer, el portavoz de las Fuerzas de Defensa, Effie Defrin, hacía pública la posibilidad de una invasión del sur del Líbano como respuesta al lanzamiento de cohetes por parte de Hizbulá de la noche del domingo. Con todo, también en la mañana de ayer otro portavoz militar israelí, Nadav Shoshani, admitía que “no hay nada sobre el terreno que conduzca a una invasión terrestre de manera inminente”. “A corto plazo, la respuesta es no”, zanjaba.
El Gobierno ilegaliza la rama armada de Hizbulá
En medio del desconcierto y la preocupación con que amanecía Beirut, el Gobierno libanés anunciaba la ilegalización de la “actividad armada y de seguridad” de Hizbulá: una medida histórica que marca un nuevo hito en el declive de la otrora mítica organización en la sociedad libanesa; una sociedad hastiada, incluida una parte creciente del mundo chií, que teme volver a verse arrastrada a una guerra por una causa juzgada como ajena por la mayoría del país.
“Lógicamente, Israel tratará no sólo de incapacitar a Hizbulá como una fuerza militar operacional a través del desarme y del desmantelamiento de todas las instalaciones relacionadas, sino de esta manera destruir las bases mismas de su existencia como organización política y de su movilización social. Así que aunque el comunicado emitido por el primer ministro libanés en el que prohíbe las actividades militares de Hizbulá anticipa que su rol quedará restringido ‘a la esfera política’, es difícil creer que esto pueda significar algo menos que su efectiva disolución”, aseguraba ayer en su perfil en la plataforma Substack el experto en seguridad y política de Oriente Próximo del Malcolm H. Kerr Carniegie Middle East Center en Beirut Yezid Sayigh.