Un hombre para cada mujer, una mujer para cada hombre… ¿o no?
El trabajo ha cambiado sustancialmente con la llegada de internet y cada vez son más las personas que pasan su jornada laboral sentadas frente a un ordenador, algunas desde casa incluso, sin tener que desplazarse para acudir a un lugar físico a cumplir sus labores, porque ya tienen un espacio virtual donde desarrollarse laboralmente.
En las relaciones interpersonales, el cambio ha sido exponencial, pues ya con conocidos, familiares y amigos, apenas quedamos para tomar siquiera un café, pero estamos al tanto de todo lo que acontece en sus vida, desde hecho significativos hasta simples nimiedades, porque entre la mensajería instantánea y las redes sociales se nos hace sumamente fácil mantener el contacto en todo momento.
Además, para conocer gente, también existen numerosas páginas o aplicaciones para el móvil para hacer amigos o para ligar. A veces, después de un tiempo chateando, se produce el contacto físico, pero otras estas relaciones se prolongan en el tiempo de modo virtual y llegamos a tener ciber amigos, a los que no hemos visto nunca pero a los que sentimos como íntimos, o ciber sexo.
Pero ahí no queda todo, desde que el mundo es mundo, existe la que llaman la profesión más antigua del mundo, pero que hoy día, y ya en España, concretamente en Barcelona, ha abierto sus puertas un lugar que procura servicios sexuales de la mano de real dolls, que no son otra cosa que muñecas hinchables que proporcionan sexo realista a cambio de dinero. Y es que cuando decíamos que la tecnología estaba acabando con el empleo… no sé si éramos conscientes de hasta qué punto.
La doble moral, mal que siempre ha existido
Frente a este nuevo fenómeno social, con el que estamos seguros la polémica está servida, se alzarán voces en contra, tachando de antinatural o de ir en contra del orden de las cosas. Pero tal como dicen sus creadores prejuicios aparte, aquellos que surgen cada vez que la sexualidad sale a relucir, qué mal pueden hacer estas muñecas a nadie, qué ofensa pueden causar a sus detractores.
Estas real dolls nacen, como la mayoría de las cosas que aparecen al mercado y que cosechan cierto éxito, para cubrir una necesidad. Hay momentos en la vida en que quizás muchas personas se sienten demasiado solas e incapaces de entablar una nueva relación, bien por un desengaño amoroso, bien por un tipo de personalidad demasiado reservada. ¿Qué malo hay en que esa persona encuentre su placer o su compañía de mano y cuerpo de estas muñecas?
En otras ocasiones las razones para adquirir una muñeca hinchable son aun más simples. Un hombre o una mujer, porque no olvidemos que esto no es solo cosa de hombres, tiene fantasías sexuales que quiere realizar pero, a su vez, ni puede consumarlas con su pareja, por los motivos que sean, ni quiere ser infiel. ¿Qué podemos decir en contra de recurrir a esta forma de solucionar el conflicto?
Muchos se preguntan si este es el futuro. Los sociólogos tienen opiniones encontradas al respecto. Por un lado, algunos defienden que todo apunta en esa dirección, ya que cada vez evitamos más los encuentros sociales y las personas estamos más aisladas. Apenas ya si conocemos a nuestros vecinos aunque vivamos en el mismo bloque de pisos. Además, el siguiente paso en el que ya están trabajando estas empresas, son los robots inteligentes, que dotarían a estas muñecas y muñecos no solo de los rasgos físicos elegidos, sino también de la personalidad, con lo que el cliente podría tener exactamente lo que quiere sin tener que lidiar con los problemas diarios que cualquier tipo de unión humana conlleva.
Otros, sin embargo, son mucho más escépticos al respecto, y piensan que el orden natural de las cosas prevalecerá, argumentando que esto no es más que una moda pasajera, que ganará adeptos que le serán fieles en el tiempo, pero que no dejará de ser un mínimo porcentaje el que se deje atrapar por este mundo, que no deja de ser ficticio, y que la mayoría de la raza humana se verá empujada por el instinto que nos llama a unirnos en pareja y mantener la especie con vida.