Diana de Gales y otras muertes trágicas de princesas
El 31 de agosto se convirtió, desde aquella fatídica madrugada del año 1997, en una fecha grabada a fuego en el calendario. Hace hoy 19 años, la princesa Diana de Gales murió a consecuencia de un accidente de tráfico en el interior del Túnel de l'Alma, en la margen norte del río Sena, en la ciudad de París.
Con solo 36 años, la que es considerada como uno de los mitos más relevantes de la cultura británica, dejaba este mundo envuelta en un halo de misterio. La autopsia realizada al chófer del vehículo que transportaba a la princesa, a su pareja Dodi Al-Fayed y a su guardaespaldas (único superviviente) reveló que el accidente fue provocado por el propio conductor del vehículo, que al haber consumido alcohol y antidepresivos perdió el control tras acelerar para evadir a unos paparazzis que perseguían a la pareja.
Pese a todo, siempre ha existido la teoría de que fue la propia Familia Real británica la que, con ayuda del servicio de inteligencia, asesinó a la joven. Al parecer la razón que les habría motivado a cometer este delito era la vergüenza que iba a suponer para la Corona el futuro matrimonio de Diana con Al Fayed, un musulmán que se convertiría en el padrastro de los príncipes Guillermo y Harry.
La tragedia, al igual que con Lady Di, también se cebó con otras princesas que vieron como su vidas acababan de la manera más cruel. La actriz Grace Kelly (después de su matrimonio con Rainiero II de Mónaco, Gracia de Mónaco) también falleció a causa de un accidente de tráfico. El 13 de septiembre de 1982 la princesa conducía su coche por una carretera cercana a Mónaco, la misma que aparece en la película ‘Atrapa a un ladrón’, donde la Princesa y Cary Grant hacen un picnic.
Llevaba a su hija Estefanía como acompañante, quien salió ilesa y de quien se rumoreó que era la que pilotaba el vehículo en el momento del accidente. Al día siguiente, la Princesa murió sin recobrar el conocimiento en el Centro Hospitalario Princesa Gracia a la edad de 52 años.
Isabel de Baviera, más conocida como la princesa Sissi, se encontraba dando un agradable paseo por el Lago Leman de Ginebra junto a una de sus damas de compañía, la condesa Irma Sztaray, cuando fue atacada por el anarquista italiano Luigi Lucheni. Ese mismo 10 de septiembre de 1898 Isabel perdía la vida por el fino estilete que el asesino había deslizado en el corazón de la Emperatriz.
Al principio, la noble no fue consciente de lo que había sucedido. Solamente al subir al barco que las estaba esperando comenzó a sentirse mal y a marearse. Cuando se desvaneció, su dama de compañía le desabrochó el vestido para que respirara mejor y, al hacerlo, vio una pequeña mancha de sangre sobre su pecho causada por el arma, que había provocado una mínima pérdida de sangre sobre el miocardio, suficiente para provocarle la muerte. Lucheni, que en realidad estaba planeando un atentado contra el pretendiente al trono francés, decidió pasar a la posteridad con la que él consideró como la víctima perfecta después de que se anulara la visita a Ginebra del príncipe francés.
Ana Bolena, dama de honor de la esposa de Enrique VIII, Catalina de Aragón, llegó a inspirar tal pasión en el monarca que éste se divorció de Catalina. El 25 de enero de 1532 la pareja contrajo matrimonio en secreto, y en mayo el arzobispo Cranmer declaró nulo el matrimonio con Catalina y legitimó la unión con Ana Bolena. Después de ser coronada como la legítima reina de Inglaterra, Ana quedó embarazada de una niña a la que llamaron Isabel, y que más tarde se convertiría en Isabel I, reina de Inglaterra y única heredera de Enrique VIII.
El gran sueño del monarca era tener un varón, algo que le fue imposible a Bolena, tras dar a luz a un niño muerto el mismo día que fallecía Catalina de Aragón. Éste hecho, unido al mal carácter de la reina Ana, provocó que su esposo Enrique VIII la acusara de traición y adulterio y, por tanto, mandara decapitarla en la Torre de Londres el 19 de mayo de 1536.
Tras la fuga a Varennes de la Familia Real francesa, y ante una monarquía que sería abolida poco más tarde (el 21 de septiembre de 1792), la reina María Antonieta acompañó a su esposo Luis XVI a prisión, para ver cómo le ejecutaban en enero de 1792. Trasladada a la Conciergerie siete meses después y encerrada en una celda sin luz ni aire, resistió hasta que tuvo lugar el juicio, en el que fue acusada hasta de haber corrompido a sus hijos.
Culpable de alta traición por el tribunal, que deliberó durante tres días y tres noches, fue previamente exhibida en carreta por París ante los ojos de la multitud para ser guillotinada el 16 de octubre de 1973. La cabeza de la 'reina adolescente', conocida por su su fama de reaccionaria y de despilfarradora, fue mostrada al populacho vociferante, para acabar enterrada bajo tierra situada entre sus piernas.