Las seis corporaciones de capital argentino de mayor volumen de facturación en los últimos años son Techint (siderurgia, construcción y petróleo), Banco Galicia (bancos), Molinos (alimentos), Aceitera General Deheza (Aceites), Bridas (petróleo, Grupo Bulgheroni) y el Grupo Arcor, liderado por Luis Pagani, con sus 27 empresas vinculadas al rubro alimentación. En ese paquete están algunos de los nombres clave del círculo más duro del poder económico con poder de presión política del país. El grupo lidera la resistencia del poder económico contra las decisiones de la política, en los últimos 12 años conducida por Néstor y Cristina Kirchner. Esa puja se endurece frente a procesos como el actual con redistribución de renta e inclusión de los sectores más empobrecidos a través de una inversión social que ya se mide en dos dígitos. La mayor visibilidad la adquirió Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín, como tanto gustan nominar los medios al “chief executive officer” de un conglomerado de empresas, expresión que bien podría traducirse por “director ejecutivo” o “director general”, el “supremo” de una organización económica que controla o digita distintas compañías que le garantizan un control sobre los diferentes factores del mercado de las comunicaciones. Con peso relativo en relación de los otros gigantes locales, cuenta con un valor simbólico que multiplica su incidencia en ese círculo en el que se asienta, secundado en el rubro por el grupo editorial La Nación, al que está ligado, además de por sus coincidencias ideológicas, por las acciones de ambos en Papel Prensa y por su sociedad en Expoagro, que los inserta además en el mundo de los agronegocios. El Director de Relaciones Externas del Grupo, Jorge Rendo, es quien participa de las reuniones del cenáculo. Con la lupa puesta sobre los nombres de los dueños de las grandes empresas, aparece con claridad el de Luis Pagani, líder de Arcor, hijo de Fulvio, quien fuese mentor de la Fundación Mediterránea que instaló a Domingo Cavallo en el gobierno de Carlos Menem, primero como canciller, después como el ministro de Economía que construyó la convertibilidad que estalló en 2001, con su secuela de quiebra económica del país y decenas de muertos en las calles, causadas por la represión de un gobierno que había vuelto a incorporar al cordobés al elenco del desmadre dedicado a rebajar sueldos y jubilaciones. Otra figura sobresaliente del círculo es Paolo Rocca, dueño de Techint, la empresa número 1 del país, con una facturación anual en el país superior a los US$ 4.102 millones y por encima de los US$ 20.000 en el plano internacional, con la máxima producción de acero de América Latina y la mayor productor global de tubos sin costura. Además de estar sentado sobre el fabuloso negocio potencial de la provisión de tubos sin costura al yacimiento de Vaca Muerta, por tener el monopolio nacional de esa producción, lo que condicionaría a YPF y cualquier gobierno futuro que sostenga el desarrollo de ese proceso ya en marcha. Otro que talla a la hora de lograr acuerdos corporativos es Carlos Bulgheroni, hombre fuerte de la petrolera Bridas –brazo local de Pan American Energy, de la que posee el 40% de las acciones–, considerado junto a su hermano Alejandro como la mayor fortuna individual de Argentina por la revista Forbes, a partir del recuento de US$ 4.100 millones en su haber. Vale recordar que la suma de las fortunas de los 15 argentinos con mayor patrimonio supera los 27.000 millones de dólares. Con sus ocurrencias y el peso de la marca que representa en el país, la de la automotriz FIAT, Cristiano Rattazzi, también incorpora sus críticas hacia el Gobierno, que muchas veces desmiente en público. Otro que desde hace tiempo influye es Juan José Aranguren, quien operaba desde la Presidencia de Shell, lugar que lo tuvo como ferviente opositor al kirchnerismo y del que saltó, ya sin capucha hasta el equipo de Macri, para asesorarlo en temas energéticos, desdecir la versión suavizada de su nuevo jefe y proponer hasta la reprivatización de YPF. Sin figuraciones personalizadas, también influyen con sus opiniones los grupos dedicados a las actividades de la construcción como Roggio y Cartellone, la farmacéutica Bagó, el Grupo Miguens –energía, minería y citrícola– además del Banco Galicia. Quien sí instaló su personalidad en el círculo fue Eduardo Elsztain, representante del Grupo Irsa, dedicado a la construcción y a las actividades agropecuarias. La otra porción clave de la torta económica del poder es la financiera. Todos coinciden en que, en ese rubro, se destaca Jorge Brito, dueño del Banco Macro y presidente de la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (Adeba), con tentáculos que abarcan los mercados inmobiliario, agropecuario y de la energía. La Sociedad Rural Argentina, desde siempre un actor alejado de los intereses mayoritarios, acerca sus aportes a partir de la presencia de su titular, Luis Etchevehere, hermano de Juan Diego, presidente de la macrista Fundación Pensar de Entre Ríos y de Arturo Sebastián, directivo de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), de relación armónica con Clarín. Entre las figuras de consulta del círculo no falta alguna sotana, sobre todo de algún activo de la fe ya jubilado y representantes de universidades privadas encabezadas por la Católica Argentina (UCA) la de San Andrés, a las que asistieron Macri y su sucesor designado en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. No es un grupo formal, son asociados a la Cámara Argentina del Comercio, la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Asociación de Bancos de la Argentina (Adeba), la Unión Industrial Argentina, la Bolsa Argentina de Comercio o la Asociación de Entidades Periodísticas. Constituyen un conglomerado que agrupa a los resortes más fuertes del poder en la Argentina; los une la defensa de sus intereses y, a veces, el espanto de que les raspen, apenas, algunas monedas a sus ganancias sin límites –hasta ahora nunca sus capitales– y se distribuyan entre los que menos tienen. Como dijo un “chico de la casa”, uno “de los nuestros”, en referencia a Mauricio Macri, son “los que toman las decisiones; políticos, periodistas, jueces, empresarios, sindicalistas, economistas, pensadores… El ‘poder’”, que ya comprobó que su muchacho, a lo largo de ocho años de gestión en la Ciudad desarrolló dos de los ejes de su programa de ajuste: recorte del gasto público, es decir, reducción de la inversión y las políticas sociales, y menor o nula intervención del Estado. Para ellos, el acuerdo queda “en casa” y está cerrado. Claro, faltaría que Macri le gane al Frente para la Victoria en octubre, en noviembre, o cuando sea… Las elecciones son lo que menos les importa.