El Real Madrid pierde la ilusión y empata contra el Girona (1-1)
Tenía que ganar el Real Madrid al Girona, tenía que meter goles, tenía que ilusionar a los suyos y no ganó y sólo hizo un gol y, por tanto, no ilusionó a nadie. LaLiga se escurre, queda atrás con un poco de tristeza, enfado por los árbitros y, parece que entre algunos futbolistas, un poco de resignación, como si no doliese o importase o no les diese para pelearla. Y lo peor es que así es muy difícil que los aficionados cojan ánimos de aquí al miércoles, para el encuentro de Múnich (pero lo harán los madridistas, se llenarán de ánimo porque llevan toda la vida haciéndolo, porque las historia les ha hecho optimistas frente a todo; como ahora, frente a la lógica, al papel, a los resultados del equipo de Arbeloa). Se juega el Real Madrid la temporada el miércoles y el Bernabéu despidió al equipo con leves pitos, cierta distancia y los jugadores rodeando al árbitro por el penalti no pitado que le hicieron a Mbappé y que podría haber sido el tanto de la victoria. Pero no lo fue, nada es.
Ocasiones sin gol
No se puso por delante el Real Madrid cuando tuvo que hacerlo, en la primera parte, cuando dominaba el partido y llegaba con fluidez al área. Sólo al área, después alguien daba al interruptor y no había luz alguna, como cuando se van los plomos y resulta que nadie en la casa sabe dónde se encuentra la caja de mandos. Fue un pequeño drama las ocasiones que se fueron yendo, menos claras que contra el Bayern, pero suficientes como para ganar el partido. Vinicius remató otra vez igual, desde la esquina, sin levantar el balón, flojo, hasta cansar a una parte de la afición que no soporta que últimamente aporte tan poco. No estuvo mucho más fino Mbappé, que se dejó la puntería a finales del año pasado y no la encontró contra el Girona. Ambos jugaron todo el partido, pero el gol del Real Madrid, el único, lo tuvo que meter Fede Valverde, la única esperanza a la que agarrarse.
Cuando lo hizo, ya había pasado el minuto cincuenta del partido, toda la primera mitad y parte de la segunda y el Real Madrid había ido perdiendo por el camino todo el empuje inicial. No empezó mal, con cierto ánimo, pero se le fue yendo la fuerza, sin remedio. Arbeloa sacó a Bellingham junto a Camavinga en el centro del campo, quizá para dar minutos, quizá para probar a esa pareja para el miércoles. Pero Camavinga empezó más o menos aseado y fue desapareciendo del encuentro, como de la temporada, como, en fin, del futuro del Real Madrid. Era su momento, pero ya no lo es. Bellingham es un jugador extraño: a veces imparable; a veces no se sabe bien qué es. Jugó bien, luego regular, pero no es el futbolista que tiene que dar el tono al equipo porque sus habilidades no dan para eso.
En el minuto 50, Valverde
El partido pasaba, el Madrid no marcaba. Esa es la historia. A pesar de haber tenido ocasiones y luego dejar de tenerlas. Así que Brahim, tan movido como siempre, encontró por fin, en la segunda mitad, atacando ya en la portería del fondo sur un balón para ponérselo a Fede Valverde en la central y el uruguayo hizo lo suyo, lo que había que haber hecho antes y lo que habrá que hacer en Múnich, si queremos aguantar el sueño o esperanza. Gazzaniga, que había parado todo lo anterior, puso manos como para acunar a un niño, como si no fuese un misil lo que llegaba.
Se puso por delante el Real Madrid, quedaba menos de cuarenta minutos. Y no ganó.
Porque le cuesta un mundo poner los partidos de cara y le cuesta otro mundo (y dos mundos son ya muchos mundos) aguantar los encuentros cuando, ya decimos, se le han puesto de cara. Osasuna, Mallorca o el Girona, han marcado al Madrid cuando tenían que sufrir su furia y su dominio. El Girona de Míchel, que está mejor, pero que no es lo que era, no ha perdido contra el Real Madrid este curso.
Marcó Lemar y Arbeloa empezó a hacer cambios, puede que para ganar el partido, puede que pensando en el partido del miércoles, Puede que para nada. También sacó a Gonzalo en el minuto 83. No arrolló el Real Madrid, que protestó justamente el penalti a Mbappé. LaLiga se esfuma, a la esperanza le cuesta quedarse.
Antes de visitar Múnich por la revancha de los cuartos de final de la UEFA Champions League, el Real Madrid recibirá al Girona en el estadio Santiago Bernabéu.
El Real Madrid afronta el encuentro tras el fatal tropiezo ante el Mallorca con el objetivo de sumar de tres para no descolgarse definitivamente del liderato que marca el FC Barcelona y del que están a 7 puntos. Por su parte, el Girona de Míchel llega con buenas sensaciones tras su última victoria frente al Villarreal. El conjunto catalán ocupa la 12ª posición y presenta un balance de 2 victorias, 1 empate y 2 derrotas en sus últimos cinco encuentros, con el objetivo de seguir sumando para alejarse de la zona baja.