Éxtasis, caída y resurrección de Miguel Adrover
Hay algo de mutación energética y ritualística que ronda los movimientos corporales de Miguel Adrover, de conjuro ancestral, de primitivismo sugerido. Pero también de galopada incesante hacia el futuro aunque parezca vivir rodeado de pasado, de memoria llena de cuervos, de estancias custodiadas por fantasmas. Incluyéndose así mismo. Desde hace seis años trabaja diariamente en una cueva horadada debajo de su casa de Mallorca.
"Aquí es donde yo creo mis mundos, mis universos. Es un poco un autorretrato de dónde me gustaría estar. Realmente yo sigo usando la tela y sigo usando la ropa como si fuera una paleta de colores o de texturas. Me siento más un pintor frustrado que un fotógrafo", explica. "Después de tantos años con tantísima gente alrededor y tan expuesto, para mí ahora mismo mis premios son empezar algo, hacerlo lo mejor que pueda y terminarlo. Eso para mí es un premio". Empezar algo y terminarlo. Qué ingravidez tan liberadora entraña el simple ejercicio de crear pronunciado de esa forma y qué despojado de carga, imposición y encorsetamiento hay que estar para poder pronunciarlo.
Adrover deambula ahora entre miembros amputados de maniquíes, autorretratos, telas que se escurren con finura y urgencia entre sus dedos invadidos siempre por el tramo final de un cigarrillo y el comienzo inmediato del siguiente y composiciones artísticas de bodegones multiculturales vaciados de contexto, enrarecidos y potentísimos, dotados de un simbolismo en ocasiones mortuorio y bello y erótico y doloroso. "No tomo alcohol desde hace unos cuatro años, no tomo drogas desde hace también unos siete u ocho años, no tengo relaciones sexuales desde hace más de seis años, tengo muy poco contacto con nadie, tengo muy pocos amigos. Esta soledad me ha llevado a desarrollar más personajes dentro de mí", reconoce asumiendo no sólo la forma de sus multitudes contenidas y exploradas, sino los cambios trascendentes que se han producido en su vida, en su mirada, en su carrera.
"Yo un día me siento muy macho, muy ‘‘cowboy’’ y otro día soy una puta y otro día soy una señora y otro día soy una moderna. La gente se esconde detrás de la ropa pero yo me crezco, me coge, me lleva, me levanta, me transforma. Nunca me ha interesado la moda. Me gustaba la vestimenta, como digamos una forma de comunicación de expresión". Tan poco le interesaba la moda a este atípico diseñador mallorquín cuyo estilo nace y se desarrolla alejado del academicismo de las escuelas, a este animal salvaje buscador de tesoros callejeros, acumulador de descartes radicalmente libre y retirado de forma voluntaria del foco mediático desde hace años, que tras su inesperada irrupción a finales de la década de los noventa en las pasarelas de la élite neoyorquina, llegó a ser considerado "el futuro de la moda".
Celebrado por figuras como Anna Wintour, bendecido por exorbitantes titulares de la prensa especializada del momento y reconocido con el prestigioso premio Perry Ellis –traducido como el Oscar de la moda–, en poco tiempo Adrover se convirtió en uno de los diseñadores españoles más destacados en la escena vanguardista de la Gran Manzana. "Había muy poca información sobre su pasado y todavía menos sobre dónde estaba. Era un misterio. La gente hablaba de él como una leyenda y no se sabía absolutamente nada. Me gusta pensar que hay algo de esto que tú dices, eso es lo que tú dices, ¿no? Que él, a lo mejor, estaba esperando que alguien lo encontrara. Y alguien que tuviese la suficiente paciencia para armar todo este follón que implicaba hacer una película sobre él", comparte en entrevista con este periódico el director Gonzalo Hergueta, autor del poético documental "The Designer is Dead" y culpable –bendito– de la recuperación de la figura del diseñador.
"Lo verdaderamente interesante al principio para mí era evidentemente la relevancia de su trabajo y observar cómo había influido de tal manera 20 años después. ¿Qué coño ha pasado con este hombre? Esa era mi pregunta. Me acerqué a él a través de una publicación que hizo asegurando que no quería trabajar con Kanye West, conseguí el mail del management de Kanye y el suyo, le lancé la propuesta y un año después empezamos a trabajar", indica. Durante los diez días que el equipo de este documental (respaldado por el notable abrigo creativo de Little Spain, la productora madrileña fundada por Santos Bacana, Cristina Trenas y Rogelio González), estuvo rodando el presente de Adrover, la realidad de su actual introspección y voluntaria condición de ermitaño socialmente aislado en un pequeño pueblo de la isla de Mallorca, el propósito de la filmación cambió de manera inevitable.
"Quería hacer una pieza sobre lo que había ocurrido en el pasado, un documental puro que sirviera de alguna manera para dejar un testamento de lo que él hizo. ¿Qué ocurre? Que cuando llego a Mallorca me doy cuenta que la historia no está ahí. La historia está en lo que está pasando ahora, que es que esta persona está completamente sola en su casa. El proceso de rodar a Miguel, que Miguel se dejara rodar, ha supuesto una evolución increíble en sí misma. Nos íbamos transformando juntos. Luego también, a medida fuimos encontrando el material de archivo, nos dimos cuenta que la película iba a ser un híbrido que hablaría de cosas más profundas como el paso del tiempo o el acto de crear".
"Había muy poca información sobre su pasado y sobre dónde estaba Miguel Adrover. Era un misterio"
Utilizando como hilo conductor de la cronología de su estancia en Nueva York la voz y la propia presencia de Jennifer Hoffman, colaboradora cercana de Adrover que vivió junto a él todo ese rápido y fulgurante ascenso meteórico con la misma intensidad con la que acompañó su desinflado proceso de olvido y espaldarazo después de los atentados del 11-S y la problemática interpretación de su desfile "Utopía" por parte de la misma industria norteamericana que le había encumbrado, "The Designer is Dead" oscila con acertado sentido de la forma y la belleza entre el atractivo naturalismo bruto del retrato ampliado de la figura misteriosa y la narración de archivo más canónica con el clásico binomio "auge y caída" del mito.
"Creo que ahora, especialmente en el mundo de la creatividad, tienes unas métricas y un sistema de puntuaciones muy marcados que hacen entender al resto lo relevante o importante que eres. Es muy duro pelear contra eso y también asumir que para crecer en la industria tienes que agradar a mucha gente, a organizaciones, a medios, a marcas. Miguel es uno de los pocos que ha logrado saltarse eso, hacer exactamente lo que le ha dado la gana y ser extremadamente relevante. No vigila lo que proyecta, no tiene ningún tipo de filtro. Encontró la esencia de lo que hacía y la llevó por delante de todo y de todos y eso me parece muy inspirador".