Rufián, con Montero: «Si la alianza me cuesta el cargo, me voy a mi casa»
«¿Qué hacer?» Era el título del encuentro de esta tarde entre Gabriel Rufián e Irene Montero en el Campus de la Universidad Pompeu Fabra, bajo la batuta del ex líder de los Comunes Xavier Domènech, que dejó la política harto de tener que elegir siempre entre mamá, Ada Colau, y papá, Pablo Iglesias. 125 años después, la izquierda sigue manteniendo el mismo debate. En 1901, Lenin escribió su «¿Qué hacer?», que se publicó en 1902. Con un subtítulo, «Preguntas candentes de nuestro movimiento».
En el texto, Lenin argumenta que la clase trabajadora no tomará conciencia política de manera espontánea solo por luchar batallas económicas y aboga que para tomar esta conciencia debe formar un partido político de vanguardia. De hecho, abogaba por romper el Partido Socialista entre bolcheviques y mencheviques. No fue el primero. Cuarenta años antes, Nikolái Chernyshevski, líder de naródnik –populismo–, una corriente socialista utópica, también escribió una novela que influyó en Lenin. Su título, «¿Qué hacer?».
Con esta pregunta sobre la mesa, Gabriel Rufián, con Irene Montero y Xavier Domènech, explicó en Barcelona su propuesta de unión de la izquierda para hacer frente a la extrema derecha. Una unión que no parece que cuente con el apoyo de ERC, que estaba ausente en el acto –ya saben que Junqueras fue «a la cárcel por Cataluña y no para que Colau sea diputada por ERC», Junqueras dixit. Y que tampoco tiene un respaldo entre la ciudadanía. Ayer, «El Periódico de Catalunya» publicó una encuesta de Gesop donde un 45% de los ciudadanos apoyaban la iniciativa, pero solo la votarían un 10%. En Cataluña, este respaldo alcanzaba el 60%, pero en votos la perspectiva tampoco era halagüeña.
La respuesta a la pregunta la avanzaba Montero en varias entrevistas previas al acto: «A mí, hacer equipo con Gabriel Rufián, me parece una muy buena idea», decía en RTVE, y remataba en la cadena Ser: «De lo que tengo muchas ganas es de hacer equipo con Rufián porque creo que puede funcionar. No solamente para las elecciones, pero también para las elecciones». En el sottovoce resonaba que en las últimas europeas los de Podemos ganaron a los Comunes en Cataluña, contra todo pronóstico. Y las encuestas de Andalucía, donde los anticapitalistas de Adelante Andalucía se ponen en ventaja sobe la «flamante» unidad de Por Andalucía. Rufián, en Catalunya Ràdio, más prudente, llamaba a la unidad más allá del independentismo.
El inicio del acto se hizo esperar. Más de veinte minutos de retraso con una canción en catalán de fondo que daba una idea del acto: «Veo el futuro y con la mía veo tu mano. Nunca es demasiado tarde». Domènech se puso el maillot de presentador y repartió elogios a la nueva Pasionaria –Montero– y al nuevo Robespierre –Rufián.
En el debate, un mensaje claro. La izquierda debe ponerse las pilas para hacer frente a la derecha y la ultraderecha. «Viene Abascal de vicepresidente», sentenció Rufián, que reiteró su defensa de la izquierda española. «No me hace ni menos catalán ni menos independentista frenar al fascismo». El líder republicano dijo no tener «la varita mágica» para saber cómo debía hacerse, pero marcó posición si no hay unidad: «Nos matarán por separado. Es negligente hacer como que no pasan estas cosas».
También bajo a la realidad afirmando que, «cuando entremos en el cómo hacerlo, los aparatos de los partidos nos dirán que No».
Irene Montero reivindicó el acto porque «hay ganas de izquierda» y lanzó un piropo: «Rufián representa que en este país hay ganas de izquierda y que hay gente que no quiere agachar la cabeza», pero tampoco entró en materia. Como «no hay ciencia electoral para frenar a la derecha, solo se frena con el orgullo de ser de izquierdas».
Rufián le dio papel a Podemos cuando afirmó que, «junto a otros, puede ayudar a estas confluencias, y ERC en Cataluña, también. A ERC le irá bien, el problema son las izquierdas del PSOE. Y a mí me preocupa que no le vaya bien a esta izquierda». Puntualizó que «nadie tiene que dejar de ser lo que es». En este punto, pareció ponerse la tirita antes de la herida al afirmar que «quiero que Oriol Junqueras sea presidente de Cataluña, que Cataluña sea algún día independiente y quiero seguir representando a mi partido. ERC debe liderar esta confluencia. Y si me cuesta el cargo, me voy para mi casa».
Montero tampoco descubrió sus cartas más allá de la filosofía: «No todo en la política es ganar votos, la política es hacer lo posible para que las cosas cambien y la izquierda debe tener principios morales firmes y fuertes». También Rufián dijo que «hay mucha gente progresista que no quiere votar al PSOE. No podemos relegarlos a la abstención o al PSOE».
Mientras, la pregunta «¿qué hacer?» seguía sin respuesta. Rufián sí mandó un consejo a la izquierda. Qué cosas debe hacer para enfrentarse a la extrema derecha: «No insultar al votante de Vox y Aliança Catalana. No son fachas. Segundo, el problema no son los fascistas, son los neutrales. Tercero, entrar en temas incómodos para la izquierda. Hablar de orden, seguridad e inmigración, de convivencia y de derechos y deberes; y cuarto, competir en el poder más poderoso: el poder digital». Montero lo acabó de arreglar: «Hay que hacer algo».