Pakistán, pieza clave en el camino al alto el fuego
El frágil alto el fuego alcanzado 'in extremis' en la madrugada de este miércoles por EE UU y la República Islámica tras más de seis semanas de guerra regional no habría sido posible sin la labor mediadora decisiva de Pakistán. No en vano, su capital acogerá mañana como sede neutral -si el deterioro de la situación no lo impide en las próximas horas- el primer contacto directo entre delegaciones estadounidenses e iraníes a fin de negociar un acuerdo de paz duradero basado en el plan de diez puntos propuesto por Teherán.
La situación de guerra abierta con su vecino afgano -Islamabad acusa al régimen talibán de dar refugio y apoyo a grupos fundamentalistas a los que culpa de reiterados atentados en su suelo- desde finales de febrero no ha impedido que el país de Asia Central haya liderado durante varias semanas unos esfuerzos que cristalizaban a primera hora de este miércoles tras un auténtico maratón diplomático, el acuerdo 90 minutos antes de la expiración del ultimátum.
Pakistán reúne una posición diplomática única en este conflicto: buenas relaciones tanto con Teherán -que define como "fraternales"- como con Washington y sus aliados del golfo -y, a diferencia de estos, no alberga tropas norteamericanas en su suelo aunque recibe ayuda militar estadounidense- y un agente clave para la estabilidad regional como país fronterizo de Irán y Afganistán. Islamabad ha mantenido una política de neutralidad oficial desde el comienzo de los ataques israelíes y estadounidenses contra la República Islámica de Irán en febrero de 2026. Y ha contado con el respaldo indirecto de China, aliado estratégico de Islamabad.
Mucho en juego
Mucho es lo que está en riesgo, por tanto, para la estabilidad de la nación centroasiática con esta guerra. El cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo y bloqueado rutas comerciales vitales. Para Pakistán, que ya enfrentaba fragilidad financiera, el fin de la guerra es esencial para evitar una recesión total y estabilizar su propia economía. Al tiempo, la guerra ha desestabilizado sus fronteras con Irán -además de la que comparte con Afganistán-, facilitando el movimiento de grupos insurgentes. Pakistán necesita un Irán estable para poder concentrar sus recursos militares en otros frentes, incluido el afgano y el indio.
El general Asim Munir -Trump lo considera su funcionario "favorito" y asegura que conoce a Irán "mejor que la mayoría"- ha sido uno de los nombres clave en las negociaciones como puente de alto nivel, lo que dio a las negociaciones un peso institucional y militar que facilitó la confianza entre las partes. También el ministro de Exteriores, Ishaq Dar, coordinador de esfuerzos con Turquía, Egipto y Arabia Saudí en una cumbre celebrada el pasado fin de semana en Islamabad, presentando un frente unido.
No en vano, varios países han sido también responsables del éxito del acuerdo gracias a sus esfuerzos de mediación en las últimas semanas, entre ellos los citados Turquía, Egipto y Arabia Saudí, además de Qatar y Omán. Ankara ha actuado como un canal de presión sobre Teherán, aprovechando sus vínculos económicos y estratégicos. Durante el conflicto, el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, incluso reforzó la defensa aérea de aliados como Qatar para garantizar la estabilidad mientras se buscaba esta vía diplomática.
Por su parte, El Cairo, detrás de la redacción de la propuesta de paz remitida a Washington y Teherán el pasado lunes, ha sido fundamental debido a su influencia histórica en la diplomacia de Oriente Medio y su interés en estabilizar las rutas comerciales. Aunque inicialmente mantuviera una postura de apoyo a EE UU e Israel en su ofensiva contra la República Islámica -como otros países árabes del Golfo—, Arabia Saudí terminaría por apostar por la mediación pakistaní para facilitar el contacto directo entre Irán y EE UU.
En vísperas del encuentro clave de Islamabad, el primer ministro del país de Asia Central, Shehbaz Sharif, denunciaba ayer las violaciones del cese el fuego registradas en las últimas horas en la región, e instaba a las partes a "actuar con moderación" y respetar el cese de hostilidades. "Se han registrado violaciones del alto el fuego en varios puntos de la zona en conflicto, lo cual socava el espíritu del proceso de paz. Insto encarecidamente a todas las partes a que actúen con moderación y respeten el alto el fuego durante dos semanas, tal como se acordó, para que la diplomacia pueda desempeñar un papel protagónico hacia la solución pacífica del conflicto", escribía en redes sociales.
Un alto el fuego "inmediato"
El jefe del Gobierno pakistaníse dirigía a los altos cargos de Estados Unidos e Irán, entre ellos el presidente estadounidense Donald Trump; el vicepresidente JD Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff, así como el mandatario iraní, Masud Pezeshkian, el ministro de Exteriores Abbas Araqchi y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. A pesar de la realidad sobre el terreno -el miércoles registraba la oleada más dura de ataques israelíes contra Hizbulá en suelo libanés- Sharif aseveraba que el acuerdo para incluye a las partes y "sus aliados". “Es un alto fuego inmediato en todo el territorio, incluido Líbano y otros lugares", zanjaba.
El acuerdo de este miércoles aleja aparentemente el espectro de una escalada aún mayor en Irán y la región, pero los desacuerdos en torno al enriquecimiento de uranio y las sanciones económicas siguen siendo tan profundos como antes de la ofensiva israelo-estadounidense iniciada el pasado 28 de febrero. Así, en la versión en persa del acuerdo, el régimen de los mulás insiste en que el enriquecimiento de uranio es "un derecho inalienable" y mantiene su intención de continuar con el programa nuclear civil, mientras que la Administración Trump asegura que el acuerdo implica el "enriquecimiento cero" y que Irán debe entregar todo su inventario actual.
Además, Teherán exige el levantamiento total e inmediato de todas las sanciones económicas impuestas en los últimos 45 años y Washington solo propone un alivio gradual y condicionado a la verificación del desmantelamiento de capacidades militares nucleares