El Barcelona, y el día de la marmota ante el Atlético
No es una montaña de cuatro goles. Son «solo» dos, aunque la misión será en campo contrario en el Metropolitano. El Barcelona vuelve a condenarse a una remontada ante el Atlético, igual que en las semifinales de la Copa del Rey. Cambia los goles que necesita para seguir adelante y el escenario, porque si en el torneo copero la vuelta era en el Camp Nou, la semana que viene los cuartos de la Champions se definirán en el Metropolitano. «Lo intentamos, pero no se pudo. En el segundo tiempo salimos más fuertes, tuvimos la pelota, a pesar de estar con uno menos, pero no pudimos encontrar un gol. Tristes por la derrota, aunque con ganas de poder remontar», decía Araujo en Movistar, que entró en la segunda parte para ver si cazaba algún remate de cabeza en el área rojiblanca.
Quejas por la expulsión
El uruguayo reconocía que la expulsión de Cubarsí fue clave, justo antes del descanso y del gol de Julián Álvarez. «Condicionó un poco la expulsión, porque teníamos la pelota y estábamos generando ocasiones. La tuvo Rashford para marcar y si metíamos uno la cosa cambia, pero nada que reprochar a este equipo, lo intentamos hasta el final y no se dio el resultado», continuaba Araujo, que opinaba sobre la roja directa a Cubarsí. «La expulsión no la vi, me dicen que fue un poco rigurosa, que se puede pitar o no, pero bueno, este equipo tiene capacidad para remontar, estoy convencido», explicaba ya pensando en lo que le esperaba al Barcelona el próximo martes, que no es otra cosa que volver a remontar un resultado muy en contra. «Lo hemos hecho muchas veces, es difícil en su cancha, pero si algún equipo puede hacerlo somos nosotros. Tenemos grandes jugadores, con mucha calidad y personalidad».
Lamine Yamal, agotado y abatido
Lamine Yamal terminó el partido entre agotado y abatido, se quedó mucho rato agachado, lejos de sus compañeros y de los rivales, pensativo y con cara seria. Lo intentó todo, con muchas jugadas en las que llegó a irse de cuatro y hasta de cinco defensas, aunque le faltó siempre ese penúltimo toque que le dejase de cara al gol. No pudo hacer la diferencia y se iba pensativo.