La Justicia (arbitral) no es igual para todos
Que el Atlético de Madrid esté, a falta de ocho jornadas, a 19 puntos del líder es algo que debería ser mirado con autocrítica y lejos del conformismo de quedar entre los cuatro primeros para cumplir el objetivo económico de la temporada. El Atleti, por presupuesto, plantilla, historia y ambición, no debería permitirse semejantes lujos. Dicho esto, y como bien señaló Simeone después de perder por la mínima ante el ya prácticamente campeón, las dos últimas jornadas de Liga con enfrentamientos contra Barça y Madrid dejan claro ante cualquiera que no sea seguidor de estos dos equipos lo difícil que es competir contra ellos.
Diferencia abismal
Si la diferencia de presupuestos ya es abismal, haciendo de este un juego donde unos tienen más posibilidades que otros antes de empezar la competición, los criterios arbitrales terminan por descompensar la balanza, convirtiendo en un milagro que alguien gane una competición «peligrosamente preparada». Si en el derbi ante el Real Madrid quedó claro, una vez más, que Carvajal cuenta hoy con impunidad arbitral absoluta, como en su día Casemiro, Pepe o Sergio Ramos, la decisión del juez de turno de no expulsar a Gerard Martín en el Metropolitano frente al Barcelona destrozó la posibilidad de seguir viendo un gran partido con el que ambos equipos nos habían deleitado en el primer tiempo.
Show arbitral
La diferencia de criterio por las mismas acciones en función de la camiseta que viste cada uno de los protagonistas es algo insoportable que se ve jornada tras jornada, y es que hay jugadores que pueden hacer cosas que otros no. Es sencillo y está a la vista de todos, pero termina por desvirtuar el juego, aunque da igual, porque el show debe continuar.
El Barça será justo vencedor de esta Liga porque juega mejor que los demás, porque el Madrid no da cuatro pases seguidos y porque el Atlético asume con triste naturalidad que no tiene equipo para pelear nada con tal de defender a su entrenador, pero los árbitros podrían cortarse un poco y pitar a todo el mundo por igual.