Las claves del Real Madrid: sin intensidad, sin remate, (casi) sin Liga, pero vivo en Champions
LaLiga se le cae al Real Madrid y empuja al equipo hacia la única vía que le queda abierta: la UEFA Champions League. La derrota ante el RCD Mallorca y la victoria del Barcelona en el Metropolitano deja al Real Madrid siete puntos del FC Barcelona tras la jornada. LaLiga, pues, entra en una dimensión distinta, una en la que el Real Madrid ya depende demasiado de los errores azulgranas y, sobre todo, de no equivocarse él. Y esa es la parte más difícil. Y en ese cambio de escenario hay también un ajuste mental inmediato: el foco se desplaza de manera natural hacia Europa, donde el martes espera el Bayern de Múnich en la ida de los cuartos de final. "Necesito que mis jugadores crean en ganar el partido del martes. En ese partido tan importante que tenemos en la Champions, en poder dar lo mejor de ellos mismos en una competición que es para nosotros importantísima, con un público que estará apoyando, contra un grandísimo rival. Así que, cuando salgan del vestuario, ya solo tienen que pensar en el Bayern Múnich", aseguró Arbeloa en Mallorca, antes de saber el resultado del Metropolitano.
Falta de intensidad
Uno de los problemas del Real Madrid en Mallorca fue el ritmo con el que se jugó la segunda parte, cuando necesitaba remontar. El equipo jugó lejos de la urgencia que exige una pelea por el título. El ritmo fue bajo, incluso plano en fases largas, como si el encuentro no estuviera condicionado por la clasificación, por que se le escapaba LaLiga. Eso casi fue lo más asombroso: "Lo complicado es que los jugadores sepan entender que hoy, sin el 200%, no íbamos a ganar. A pesar de que hemos tenido una primera parte en la que hemos sido superiores, en un desajuste ellos han marcado un gol", contaba Arbeloa, que casi nunca critica a los jugadores.
Errores defensivos
La falta de intensidad no se limitó a la circulación de balón. También apareció en los comportamientos sin él, como se vio en los errores defensivos. El 1-0 del Mallorca nace de un encadenamiento de desajustes que ya no sorprenden porque se han visto antes. Mala presión inicial, espacios mal defendidos y dudas en la línea de atrá, sobre todo de Camavinga. La sensación de fragilidad se instala así en el equipo. Cada error penaliza más porque el margen es mínimo. Y cuando un equipo que aspira al título transmite inseguridad atrás, todo lo demás pierde consistencia.
Aun así, el partido ofreció una ventana de reacción. El empate de Éder Militão llegó en el minuto 88, en ese punto en el que los encuentros cambian de lógica y se convierten en una cuestión de impulso, sin embargo, enn el minuto 91, Vedat Muriqi marcó el 2-1 en una acción que resume todo lo anterior. El Mallorca no necesitó dominar ni acumular posesión. Le bastó con esperar el escenario adecuado, el momento en el que el rival quedaba expuesto.
La mezcla de las estrellas
El Real Madrid no mejoró con Mbappé, Vinicius y Jude Bellingham en el campo. Los dos últimos saltaron en la segunda mitad, para buscar la remontada y no aportaron mucho. El brasileño lo intentó al principio, pero no le salió; el británico apenas dejó huella en el partido. La clave de todo está en que Arbeloa consiga que los tres mezclen bien, se asocien para levantar al Real Madrid en su gran desafío. "No queramos que Jude Bellingham esté a su máximo nivel sin apenas haber jugado partidos. Este es el segundo que juega después de ese parón que ha tenido, así que paciencia con él", dijo Arbeloa.
Una bala
La Liga se aleja de forma casi definitiva y obliga a redefinir prioridades. El equipo entra ahora en una fase en la que cada decisión debe medirse en clave europea. El enfrentamiento ante el Bayern se convierte en una prueba de lo que puede ser el final de temporada: o se mantiene la tensión competitivo hasta mediados de mayo porque pasa a semifinales o el curso puede terminarse en un par de semanas.