Albert Hermoso revela todas las claves de un caballo de Concurso Completo
Albert Hermoso Farràs es uno de los nombres propios del Concurso Completo español. El jinete leridano ha crecido lejos de los grandes centros ecuestres y con el trabajo y la constancia por bandera. Su carrera mezcla experiencia, resiliencia y vocación en Juegos Olímpicos, Campeonatos de Europa, Juegos Ecuestres Mundiales y Copas de Naciones. Su abuelo era herrador y fue quien le acercó por primera vez a los animales de trabajo como mulas y burros. "El primer contacto con un caballo llegó cuando un vecino compró uno; yo tendría cinco o seis años. A partir de ahí, supe que quería dedicarme a esto. A los 14 años ya trabajaba en una hípica de turismo ecuestre durante los veranos, y a los 17 me fui a Francia. Después pasé por Inglaterra y regresé a España con 21 años. Me instalé en las cuadras de Miquel Alemany, que fue mi mentor, y poco a poco empecé a montar y competir", relata.
Su primera experiencia olímpica fue en Río. "Lo más difícil no fue prepararlos, sino conseguir la clasificación individual, lo que implicó competir mucho y recorrer muchos kilómetros. Veníamos de quedarnos cerca en Londres 2012 y de un Campeonato de Europa en 2015 donde el equipo estuvo muy bien, pero pequeños contratiempos nos dejaron fuera de los puestos importantes. A partir de ahí decidí buscar la clasificación individual y diseñé toda la estrategia en función de ese objetivo. Fue un proceso exigente, tanto para los caballos como para mí. Hoy en día sigo cuidando la preparación física, aunque de forma más autónoma. Practico Tai Chi, cuido el peso y trato de mantenerme lo más flexible posible. En el plano mental, con el tiempo he aprendido que lo fundamental es tener el caballo adecuado: si el caballo está bien, todo fluye; si no, ningún trabajo psicológico lo compensa. El reto de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles lo afronto con ilusión. Tengo dos caballos muy interesantes, pero en este deporte todo puede cambiar rápidamente, ya sea por cuestiones deportivas o por decisiones de los propietarios. Por eso trabajo con ambición, pero también con realismo", comenta el jinete de 47 años.
"Mi visión de las características de un caballo de Concurso Completo ha cambiado con los años. Hoy diría que lo primero es la salud. A partir de ahí, el caballo tiene que querer hacerlo, y para querer tiene que poder. Debe ser un gran saltador, resistente, capaz de mantener la frescura durante el esfuerzo y tener un temperamento equilibrado. También debe soportar la presión de la competición, los viajes y las esperas. Es importante que sea paciente, que tenga buena locomoción, un punto de valentía y la capacidad de gestionar pequeñas molestias físicas cuando el esfuerzo lo exige. En definitiva, tiene que ser un atleta completo", asegura.
Albert Hermoso suele planificar la temporada por trimestres. "El año ha empezado bien, con un stage en el extranjero y buenos resultados en citas como Le Mans o Portugal, donde debuté con caballos en distintos niveles. Actualmente estoy compitiendo en Italia y para el segundo trimestre me gustaría centrarme más en el salto en pista, ya que aporta mucho aprendizaje. También tengo previsto competir en Avenches, pensando en el Campeonato de Europa del próximo año. En cuanto a los caballos que proyecto para Los Ángeles, la idea es cerrar la temporada con pruebas largas de tres y cuatro estrellas. Paralelamente, seguiré trabajando con caballos jóvenes con el objetivo de disputar sus finales correspondientes", relata.
Entre las anécdotas de su carrera recuerda una vez cogió un ferry para ir a Menorca y se equivocó de barco y acabó en Roma. "También me llamó la atención cuando un periodista se sorprendió al ver que mi camión tenía 1.800.000 kilómetros. En ese momento yo estaba entre los veinte mejores del mundo y ni siquiera lo sabía. Vivo en un entorno rural y no estoy pendiente de rankings. Al final, lo bonito de este deporte es viajar con caballos y encontrar siempre a alguien que te abre la puerta. Da igual la disciplina o el país: siempre hay alguien dispuesto a compartir, y siempre hay algo que aprender. Esa es, para mí, la verdadera esencia del mundo ecuestre", concluye.