A las puertas de una nueva era en Cuba
Luego de 67 años de revolución comunista, la isla de Cuba parece estar a las puertas de una nueva etapa. El presidente norteamericano, Donald J. Trump, ha afirmado que este año «tendrá el honor de tomar Cuba en alguna forma». Adicionalmente, el inquilino de la Casa Blanca añadió días atrás que resolverán primero la crisis en Irán y, después, la del país caribeño. Sin embargo, todo parece indicar que el año 2026 verá el renacimiento de un país subyugado por una férrea dictadura que, durante siete décadas, alzó las banderas de un socialismo que, a todas luces, ha fracasado estrepitosamente.
A juzgar por lo que está ocurriendo en Venezuela, el cambio en Cuba se hará de manera moderada y a partir de los liderazgos domésticos. Ciertamente, la eficacia y probabilidad de éxito en la presión hacia Miguel Díaz-Canel es mucho mayor que la ejercida en su momento contra Nicolás Maduro y mucho más certera que la operada actualmente contra los ayatolás iraníes. En la isla, los valores socialistas y las utopías marxistas han sido reemplazados por el interés económico y crematístico de la cúpula militar y de los dirigentes del politburó cubano. En consecuencia, la negociación pasa simplemente por el traspaso de poder a partir de un acuerdo económico.
El gran artífice de la operación se llama Marco Rubio. Hijo de inmigrantes cubanos y actual secretario de Estado, es probablemente el hombre más poderoso de los Estados Unidos después del presidente y uno de los más influyentes en la geopolítica mundial. Rubio asume el tema cubano como algo personal. Se trata de una gesta heroica que ansía culminar y del deseo de pasar a la historia como el gran emancipador de la patria que vio nacer a sus padres. Ha sido él quien convenció a Trump de «comprarse» ese problema, de asumir la responsabilidad de poner fin a la oprobiosa tiranía cubana. Su jefe se ha convencido y está decidido a lograr la hazaña este mismo año.
En menos de ocho meses se celebrarán las elecciones intermedias en los Estados Unidos, que renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 escaños del Senado, de los 100 que lo componen. Las encuestas no son favorables para los republicanos, y una victoria en Cuba y en Irán antes del mes de noviembre podría ayudar al presidente Trump a mejorar los números de su partido. Ciertamente, ni la guerra en Irán ni la situación en Cuba representan preocupaciones fundamentales para los norteamericanos. Sin embargo, el éxito en ambas agendas significaría oxígeno renovado para la actual administración y un estímulo para la movilización del votante ligeramente republicano.
Mediante una presión feroz y el levantamiento tímido de algunos sectores de la sociedad civil cubana, podríamos estar en presencia de un momento histórico. En unos meses, los cubanos podrían estar sufragando para elegir a un gobierno democrático, un evento que no han conocido en ocho décadas: unas votaciones realmente libres y en democracia.