Carlincatura del miércoles 18 de marzo de 2026
El reciente relevo en el Consejo de Ministros confirma que los integrantes del pacto corrupto rehúyen otorgar el voto de confianza a un Ejecutivo del que buscan tomar distancia en la recta final de la campaña electoral. Es evidente que la proximidad de las elecciones ordena sus movimientos y desdén para procurar gobernanza mínima en favor de la ciudadanía.
Fuerza Popular, Renovación Popular, Podemos Perú, Alianza para el Progreso, Perú Libre y sus satélites siguen actuando como una red de autoprotección. Su dinámica manteniendo cuotas de poder en la administración pública. Por ende, este nuevo gabinete en el que han colocado al general en retiro Luis Arroyo Sánchez responde a ese equilibrio de supervivencia.
En ese contexto, el voto de confianza se instala como instrumento de prolongación del desgobierno. El resultado es un gobierno en ruinas.
El propio pacto entra en una fase de descomposición por propia conveniencia.
Sin embargo, este escenario impacta directamente en la ciudadanía. Cualquiera que asista de las instituciones del Estado puede dar fe de cómo la falta de conducción interrumpe políticas públicas, corta su continuidad y, por supuesto, debilita su alcance. La gestión estatal atiende de forma deficiente, acumula retrasos y amplía distancias con las necesidades de la población. En otras palabras, el desorden en la toma de decisiones se traduce en servicios mucho más precarios que antes de los cuales, sus principales víctimas son los peruanos más pobres del país.
Este resultado adquiere un nombre preciso: colapso. Un colapso de la conducción política que es fruto del pacto parlamentario que hoy deja al Estado sin dirección y a la ciudadanía sin dónde acudir.
Este desenlace interpela a los ciudadanos. En las urnas existe la oportunidad de reconocer la responsabilidad directa de estas organizaciones políticas y de sus líderes, quienes buscan la reelección en un Parlamento bicameral y aspiran incluso a la Presidencia, institución que han degradado durante el último quinquenio. El voto consciente es lo único ordenar lo que el poder comandado por estas bancadas ha desordenado y abrir paso a una conducción que recupere el sentido de servicio público del Estado.