Cuidar no debería empobrecer
Hay trabajos que no figuran en ninguna nómina, pero sostienen el mundo. No tienen horario, ni vacaciones, ni reconocimiento público. Se hacen en silencio, en la cocina de madrugada, en la sala de espera de un hospital, en la habitación donde alguien llama por tu nombre porque ya no recuerda nada más. Cuidar a quien nos cuidó es uno de ellos.