Carlos Alcaraz: "El fisio me pidio que hiciese malabares antes de los partidos y desde entonces, todo ha ido bien"
El fisioterapeuta del equipo de Carlos Alcaraz, le pidió que incorporara el juego de malabares a la rutina previa al partido. El murciano obedeció sin preguntar demasiado. No sabe si aquello le sirve de algo en términos puramente físicos, pero desde entonces todo ha ido bien y las supersticiones en el deporte profesional no se tocan. "Mi fisio me dijeron que lo hiciera y le hice caso. No sé si me ayuda o no pero lo he adquirido como rutina. Todo ha ido bien desde que empecé a hacerlo, así que ¿por qué cambiarlo? Lo mantengo, y si mi fisio dice que lo tengo que hacer, lo haré sin duda", explicó en la rueda de prensa posterior a su victoria contra Norrie.
Es infalible Carlos Alcaraz en este comienzo de año. La capacidad de cambiar de registro, de buscar otra salida, le permite mantenerse vivo en partidos que parecen torcerse. "Cuando el partido no va a tu favor, tener tantas opciones también te ayuda mucho a darle la vuelta o a sentirte mejor en la pista y seguir ahí compitiendo", añadió.
Le preguntaron después por las mejores dejadas del circuito. Él nombró a Corentin Moutet, que tiene un toque especial con la raqueta, casi artesanal. Luego citó a Novak Djokovic, en particular su dejada de revés, que calificó de maravillosa. Y a Grigor Dimitrov, otro con finura en las manos. "Son los primeros jugadores que me vienen a la mente. Posiblemente haya muchos más, pero me quedaría con ellos tres", dijo. Hace unos días, Daniil Medvedev le había colocado en esa misma categoría, definiéndole como el mejor del tour en ese golpe. Alcaraz respondió con una lista de colegas, sin reclamar el puesto para sí. La respuesta funcionó como devolución educada.
El disfraz de abeja
En Indian Wells ocurrió hace años algo insólito hace tiempo: una invasión de abejas obligó a detener un partido. Alcaraz lo recordó como la primera vez que veía algo así en una pista de tenis. Desde entonces, un grupo de aficionados decidió convertir el incidente en identidad. Aparecieron en las gradas con disfraces de abeja. Animaron desde el primer punto hasta el último, partido tras partido. Al final de uno de los encuentros, Alcaraz se acercó a ellos. Le entregaron un disfraz y le insistieron para que se lo pusiera. "Me dieron un disfraz de abeja y me dijeron 'Póntelo, póntelo', así que lo hice por ellos, porque animaron desde el primer punto al último. Pensé que tenía que hacerlo, pero es divertido", contó.
Un poco de golf
Después del partido, quedaba por resolver el plan del día siguiente. Carlos Alcaraz no lo tenía claro aún. Hablaría con su equipo para decidir. Lo único seguro era que iba a jugar al golf. El entrenamiento quedaba como opcional, pendiente de cómo se desarrollara la jornada. "¿Mañana día libre? No lo sé todavía. Lo hablaré con mi equipo para ver cuál es el plan. Seguro que caerá un poco de golf. Así que el entrenamiento es opcionas, veremos cómo se plantea el día de mañana", comentó con una sonrisa.
El tenis en Indian Wells transcurre en una burbuja peculiar. El desierto rodea las pistas, el calor aprieta durante el día y las noches son frescas. Los torneos de esta categoría funcionan como pequeñas ciudades temporales donde los tenistas viven rutinas milimétradas: entrenamientos, fisioterapia, comidas planificadas, descanso vigilado. Alcaraz intercala eso con golf y malabares, y con disfraces de abeja si el contexto lo pide. La flexibilidad forma parte del método. O quizá el método consiste precisamente en no rigidizarse demasiado, en dejar espacio para lo imprevisto.